El fenómeno de El Niño en las Américas tendrá importantes repercusiones sanitarias

Washington, D.C., July 7, 2026 (PAHO) — El nuevo Análisis de la Situación de Salud Pública ante el evento climático El Niño (2026-2027) advierte que las alteraciones climáticas, que oscilan entre sequías extremas y lluvias torrenciales, operan como potentes determinantes ambientales capaces de disparar crisis epidemiológicas en cadena, desestabilizar los servicios asistenciales de urgencia y agudizar las brechas sociales preexistentes. Se insta a los países a reconfigurar los planes de contingencia para situar la mitigación de los impactos en la salud humana como el eje prioritario de la respuesta institucional.  

El documento original analiza de manera integral la Región de las Américas, centrándose específicamente en las subregiones y países que se consideran áreas de prioridad debido a los impactos proyectados por este evento meteorológico a gran escala. En lo que respecta a la salud humana, específicamente, se analiza e identifica cómo los eventos climáticos extremos (sequías, inundaciones, olas de calor) dañan directamente el bienestar físico y mental de las personas.  

En primer lugar, se abordan las enfermedades transmisibles (infecciosas), identificadas con riesgos “muy altos”, entre las que se encuentran el cólera y la leptospirosis, así como las provocadas por vectores como la malaria, el dengue, el Zika y el chikungunya. En segundo lugar, respecto a las enfermedades no transmisibles, se estudian los impactos del estrés térmico —considerado la causa principal de muertes relacionadas con el clima— y el aumento de las afecciones respiratorias debido al humo de los incendios forestales. Finalmente, en el ámbito de la salud mental, se advierte un aumento de la ansiedad, el duelo y el trastorno de estrés postraumático derivados de la pérdida de medios de vida y el desplazamiento.  

Desde la perspectiva de la infraestructura y los servicios, se evalúa la vulnerabilidad de las instalaciones de salud frente a daños estructurales. Específicamente, se analizan 756 hospitales de emergencia que están expuestos a riesgos de inundaciones costeras por el aumento del nivel del mar y a la interrupción de las cadenas de suministro médico, las cuales son vitales para pacientes con enfermedades crónicas. 

En tanto, en lo relativo a los determinantes de la salud (salud en grupos vulnerables), el documento analiza la situación de forma diferenciada para poblaciones específicas. Para la salud materna y neonatal, se enfoca en los riesgos para las mujeres embarazadas y los recién nacidos ante la falta de agua segura y servicios obstétricos de emergencia.  

En cuanto a la desnutrición, se vincula directamente con la inseguridad alimentaria provocada por la pérdida de cultivos, donde la principal afectación estará en los niños menores de cinco años. Asimismo, la violencia de género se identifica como un riesgo de salud pública que aumenta de forma considerable en contextos de hacinamiento en refugios y estrés por desastres.  

El Análisis de la Situación de Salud Pública ante el evento climático El Niño (2026-2027) también recomienda a las autoridades de salud y los gobiernos que, para mitigar los impactos antes expuestos, implementen diversas medidas de respuesta y mitigación. Entre ellas, se sugiere el fortalecimiento de la vigilancia para priorizar la detección temprana de enfermedades sensibles al clima y la vigilancia nutricional en niños menores de cinco años y mujeres embarazadas, así como propiciar la integración de los modelos meteorológicos con las bases de datos de salud pública para identificar con antelación los brotes vectoriales. También se enfatiza la necesidad de garantizar el acceso a agua segura para prevenir brotes de cólera y leptospirosis, especialmente en zonas inundables o con sequía extrema.  

Para resguardar la continuidad de la atención, se propone implementar mecanismos alternativos, como telesalud y farmacias móviles, asegurando que las personas con enfermedades crónicas no interrumpan sus tratamientos. De igual modo, para la protección frente a la violencia, se insta a establecer protocolos en espacios seguros que prevengan la violencia de género. En el ámbito de la infraestructura, se aconseja monitorear su seguridad mediante la revisión de los componentes no estructurales de las instalaciones de salud para que sigan operativas durante la emergencia climática. 

Por último, se destaca la relevancia de la comunicación de riesgos a través del despliegue de campañas de Comunicación de Riesgos y Participación Comunitaria en lenguas originarias, enfocadas en el manejo intradomiciliario de agua segura y la detección temprana de signos clínicos de alarma.  

“La magnitud del impacto de El Niño no depende solo de la intensidad del fenómeno, sino de nuestra capacidad de preparación y respuesta coordinada”, señalan las directrices de respuesta regional. Es esencial que las medidas de preparación se comuniquen de manera clara a las comunidades para fomentar comportamientos adaptativos.  

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