El último destello ilumina el horizonte, los aplausos ponen fin a la celebración y una tenue cortina gris acaba diluyéndose entre edificios o montañas. Todo invita a pensar que la función ha acabado. La impresión, sin embargo, resulta engañosa. Aunque las explosiones desaparecen en un santiamén, su rastro persiste, dejando consecuencias durante bastante más tiempo.
Durante décadas, casi toda la atención se concentró en el humo visible y en el olor característico que acompaña a cualquier exhibición pirotécnica. Esa perspectiva relegó a un segundo plano alteraciones mucho menos perceptibles que siguen produciéndose cuando el cielo ya ha recuperado su oscuridad. Precisamente hacia ese territorio apenas explorado han dirigido ahora sus esfuerzos diversos colectivos científicos.
Las tres publicaciones ofrecen una visión mucho más amplia de lo que ocurre tras el último estallido. Una, de Environmental Science and Technology, reconstruye el recorrido de los restos que alcanzan ríos y lagos; otra, de Environmental Science and Technology Letters, saca a la luz sustancias atmosféricas cuya relación con estas exhibiciones apenas se conocía; y la tercera, de ACS ES&T Air, explora qué respiran miles de personas durante un acontecimiento multitudinario. En conjunto, perfilan un escenario bastante más complejo de lo que se suponía.
La contaminación que nadie ve
La primera investigación dirige la atención hacia un destino que rara vez despierta interés: el agua. Después de cada exhibición, permanecen pequeños fragmentos de cartón, pólvora parcialmente consumida, sales metálicas y otros materiales empleados para regalarnos los distintos colores. Buena parte de esos vestigios termina sobre calles, parques, embalses o cauces fluviales, donde se pone en marcha una cadena de transformaciones completamente ajena a la mirada del público.
Unas sustancias pasan al agua y otras quedan retenidas en los propios fragmentos sólidos, reordenando el equilibrio químico del ecosistema.
Los científicos comprobaron que esos restos liberan iones como potasio y manganeso, además de diversas moléculas orgánicas. No obstante, la aportación más relevante no radica únicamente en incorporar nuevas sustancias, sino en trastocar la materia orgánica disuelta ya presente. Mientras unas pasan al agua, otras quedan retenidas en los propios fragmentos sólidos, reordenando el equilibrio químico del ecosistema.
La magnitud de ese fenómeno depende de las características iniciales del entorno acuático. En masas con mayor contenido salino, las variaciones resultan bastante más discretas. Los autores no sostienen que cada castillo de fuegos artificiales provoque un daño ecológico inmediato, aunque consideran plausible que esas modificaciones influyan sobre la actividad microbiana y diversos procesos biogeoquímicos. En otras palabras: cuando se esfuman las últimas luces, una parte de la historia apenas comienza.
La atmósfera también evoluciona cuando el humo se desvanece
La segunda publicación amplía todavía más ese marco. Hasta ahora, se sabía que la pirotecnia emitía partículas finas, metales y sulfatos. Ahora bien, el grupo responsable identificó otro protagonista prácticamente ignorado hasta la fecha: las aminas, una familia de compuestos nitrogenados cuya asociación con los fuegos artificiales apenas figuraba en la literatura científica.
Otra sustancia prácticamente ignorada hasta la fecha: las aminas, una familia de compuestos nitrogenados cuya asociación con los fuegos artificiales apenas figuraba en la literatura científica.
Para confirmar su origen, los especialistas aprovecharon las celebraciones del Año Nuevo Lunar en una zona suburbana de China donde la quema de biomasa estaba prohibida, mientras que las exhibiciones pirotécnicas seguían autorizadas. Ese diseño experimental reducía al mínimo la interferencia de otros focos emisores y permitía vincular con mucha mayor fiabilidad las variaciones registradas a las detonaciones.
Las mediciones detectaron incrementos muy acusados de aminas tanto en fase gaseosa como adheridas a diminutas partículas en suspensión. Esos máximos coincidieron con los momentos de mayor actividad y surgieron acompañados por concentraciones superiores de sulfatos y potasio, un elemento empleado desde hace años como marcador característico de este tipo de espectáculos.
La trascendencia del descubrimiento reside en el comportamiento de estas moléculas. Su elevada reactividad favorece la generación de aerosoles secundarios, de modo que una fracción de esa huella ambiental continúa transformándose incluso después de que la nube visible se haya disipado. Dicho de otra manera, la composición atmosférica sigue evolucionando cuando el espectáculo ya ha concluido.
Los responsables del trabajo no sostienen que las aminas constituyan el principal riesgo sanitario asociado a la pirotecnia. Su contribución resulta distinta: demostrar que los fuegos artificiales representan una raíz hasta ahora desconocida de estos compuestos y ampliar así el conocimiento sobre las reacciones químicas que persisten tras el último lanzamiento.
Lo que realmente respiran miles de personas
La tercera investigación trasladó los instrumentos de medida a los Juegos de la Commonwealth celebrados en Birmingham en 2022. Allí, el propósito consistía en evaluar la calidad del aire en las áreas donde permanecían los asistentes antes de acceder al estadio y durante los intervalos de las competiciones.
Los sensores registraron fuertes aumentos de partículas finas alrededor de las ceremonias y de las distintas pruebas deportivas. En algunos momentos, las concentraciones alcanzaron niveles unas diez veces superiores a los registrados por estaciones urbanas cercanas. Según las estimaciones obtenidas, quienes permanecieron durante toda la jornada incrementaron de forma considerable su exposición diaria, mientras que empleados y voluntarios acumularon una carga todavía mayor.
Identificaron elementos característicos de estas exhibiciones, como potasio, bario o hierro, cuya concentración aumentó tras los lanzamientos.
Todo parecía indicar que los fuegos artificiales explicaban la mayor parte de ese deterioro atmosférico. El giro llegó cuando los científicos examinaron con detalle la composición química de las partículas: el resultado corrigió por completo la interpretación inicial.
La mayor parte de la contaminación por PM₂.₅ no procedía directamente de las explosiones sobre el estadio. El análisis de fuentes atribuyó alrededor del 71 por ciento de la masa de esas partículas a la preparación de alimentos en los numerosos puestos instalados para atender a decenas de miles de asistentes. Hamburguesas, perritos calientes, barbacoas y otros sistemas de cocina lanzaban grandes cantidades de aerosoles orgánicos, hasta convertirse en la aporte predominante durante las jornadas deportivas.
Esa conclusión no resta importancia a la huella de la pirotecnia. El equipo identificó igualmente elementos característicos de estas exhibiciones, como potasio, bario o hierro, cuya concentración aumentó tras los lanzamientos. La diferencia se hallaba en la señal de lo que contribuía cada actividad: mientras los fuegos artificiales incorporaban determinados marcadores químicos, la restauración explicaba buena parte del incremento de partículas respirables registrado en el entorno del recinto.

La principal enseñanza trasciende el ámbito deportivo. Festivales, conciertos o grandes celebraciones reúnen múltiples focos emisores que actúan de forma simultánea. La pirotecnia constituye uno de ellos, aunque dista de ser el único capaz de empeorar la calidad del aire. Entender esa combinación permite interpretar con mayor precisión qué inhalan quienes acuden a estos encuentros y evita atribuir toda la responsabilidad a un único origen.
Mucho más que humo
Consideradas en común, las tres publicaciones componen una imagen mucho más completa de la huella ambiental asociada a los fuegos artificiales. La primera pone de manifiesto que los residuos varían la composición química del agua; la segunda identifica una fuente hasta ahora desconocida de aminas atmosféricas; la tercera corrobora que, durante los grandes eventos, las emisiones responden a diversas actividades simultáneas y no exclusivamente a las explosiones.
Esa batería de evidencias induce a abandonar una explicación demasiado simple. El debate suele concentrarse en la nube visible que acompaña a cada lanzamiento, pero los nuevos datos describen mecanismos bastante menos obvios. Algunos arrancan cuando los restos alcanzan ríos y lagos; otros avanzan mediante reacciones capaces de favorecer la aparición de aerosoles; a ello se suma la carga contaminante derivada de la infraestructura necesaria para atender a miles de personas.
El estudio proporciona una base científica más sólida para desarrollar materiales menos contaminantes o disminuir parte de sus emisiones en el futuro.
Ninguno de estos trabajos propone prohibir estas celebraciones ni sostiene que cada exhibición desencadene una crisis ambiental. Su auténtico valor consiste en ampliar el conocimiento sobre un fenómeno cotidiano y proporcionar una base científica más sólida para desarrollar materiales menos contaminantes o disminuir parte de sus emisiones en el futuro.
La próxima vez que el cielo vuelva a iluminarse con una cascada de colores, la escena despertará la misma fascinación. Lo que ha cambiado es nuestra comprensión de lo que sucede después. Cuando el público abandona el recinto, el espectáculo ha terminado. Para la química del aire y del agua, sin embargo, sus efectos continúan desplegándose.
Referencias
- Sociedad Química Estadounidense. “New research reveals the hidden pollution left behind by fireworks“. ScienceDaily, 3 de julio de 2026.
- Guan-Lin Chen, Meng Du, Chen Qian y Han-Qing Yu. “Molecular-Level Perturbations of Dissolved Organic Matter Driven by Episodic Firecracker Residue Leaching“. Environmental Science and Technology, 26 de mayo de 2026. DOI: 10.1021/acs.est.6c01478.
- William Joe Acton, Vipul Lalchandani, Mao Du, Siqi Hou, Deepchandra Srivastava, Zongbo Shi y William Bloss. “The Impact of Hospitality on Air Quality at a Major Sporting Event“. ACS ES&T Air, 2 de febrero de 2026. DOI: 10.1021/acsestair.5c00142.
- Lin Gui, Yu Xu, Yi-Jia Ma, Ting Yang, Hong-Wei Xiao, Hao Xiao, Hua-Yun Xiao. “Firework Display Is a Newly Identified Source of Gaseous and Particulate Amines“. Environmental Science and Technology Letters, 18 de septiembre de 2025. DOI: 10.1021/acs.estlett.5c00806.

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