Author: rb809rb

  • Dos guardias nacionales resultan gravemente heridos en un tiroteo cerca de la Casa Blanca

    Dos guardias nacionales resultan gravemente heridos en un tiroteo cerca de la Casa Blanca

    Disparos a la cabeza, a bocajarro. Así quedaron en estado crítico dos reservistas de la Guardia Nacional de Virginia Occidental que patrullaban el centro de Washington, a apenas una manzana de la Casa Blanca. El atacante, un hombre con barba y sobrepeso, abrió fuego pasada las 14.25 en la entrada de la estación de Metro de Farragut West, un punto habitual de presencia militar. Eligió el lugar y el momento. Sabía dónde estaba y a quién se dirigía.

    Todo ocurrió en segundos

    Los soldados intentaron cubrirse mientras agentes federales y policías vestidos de negro se abalanzaban sobre el tirador. Fue reducido en plena calle, inmovilizado sobre el asfalto y trasladado desnudo en una camilla a un hospital cercano. Varias manzanas quedaron acordonadas y los equipos de emergencia ocuparon, en minutos, una de las zonas más transitadas de la capital: un corredor de oficinas federales, hoteles y accesos al perímetro presidencial por el que pasan a diario miles de funcionarios y periodistas.

    La alcaldesa, Muriel Bowser, calificó la agresión como «un tiroteo dirigido». Un responsable policial apuntó que, por ahora, todo indica que se trata de la acción de «un único atacante», un lobo solitario capaz de sembrar el caos en uno de los lugares más vigilados —y teóricamente más seguros— del país.

    El tiroteo ha puesto a prueba un dispositivo que Donald Trump desplegó en agosto, cuando declaró una emergencia por crimen y ordenó sacar a más de 2.300 guardias nacionales a patrullar avenidas, estaciones y cruces estratégicos. Durante semanas, el presidente sostuvo que esa presencia militar había reducido drásticamente los índices de delincuencia. Defendía que homicidios y robos retrocedían gracias a la visibilidad constante de los uniformados.

    Pero el ataque, ocurrido en plena festividad de Acción de Gracias mientras Trump descansaba en su mansión de Florida, devolvió a la ciudad a la realidad: esos jóvenes soldados, ya convertidos en parte del paisaje urbano de Washington, también pueden ser objetivo. La imagen de dos guardias nacionales abatidos, sangrando en plena calle y a escasos metros de la Casa Blanca, ha sacudido a la capital y a un país que, pese al despliegue excepcional, no logra blindar ni siquiera a quienes patrullan su corazón institucional.

    La reacción fue inmediata

    El secretario de la Guerra, Pete Hegseth, ordenó el envío de otros 500 efectivos a la ciudad, pese a que una jueza federal dictaminó la semana pasada que el presidente no puede emplear a la Guardia Nacional para tareas de control del crimen sin el consentimiento del Distrito de Columbia. Su resolución quedó temporalmente suspendida durante tres semanas, y debía entrar en vigor el 11 de diciembre.

    Ha habido resistencia política al despliegue, especialmente entre los demócratas, pero su margen de maniobra es escaso: en la capital federal el presidente puede movilizar tropas y agentes federales sin autorización local, y Trump lo ha hecho. La alcaldesa Bowser, sin herramientas legales para impedirlo, ha acatado las órdenes. Este miércoles se presentó en la escena del ataque junto al director del FBI.

    El director de ese Buró Federal de Investigación, Kash Patel, aseguró en la lugar de los hechos que los dos miembros de la Guardia Nacional no han muerto, aunque permanecen en estado crítico. Añadió que el sospechoso será acusado de agresión contra un oficial federal.

    La confusión sobre el estado de las víctimas marcó la tarde

    El gobernador de Virginia Occidental, Patrick Morrisey, afirmó en un primer comunicado que ambos militares habían fallecido, dado que pertenecen a la Guardia Nacional de ese estado y estaban desplegados en Washington desde septiembre. Horas después rectificó: «Estamos recibiendo informes contradictorios sobre su estado. Ofreceremos más información cuando contemos con datos completos. Nuestras oraciones están con estos valientes, con sus familias y con toda la comunidad de la Guardia».

    Tras el tiroteo, la Casa Blanca activó la alerta roja, el nivel reservado para amenazas directas contra la vida. Más tarde la rebajó a naranja, un estatus de «riesgo alto» que mantiene al Servicio Secreto preparado para evacuar a quien sea necesario. Como Trump, sus principales asesores no estaban en el complejo presidencial por el descanso de Acción de Gracias.

    La investigación continúa abierta. Washington permanece bajo una tensión que no vivía desde hace años, marcada por un despliegue inédito, un pulso político por el control de la seguridad y la constatación de que, incluso con miles de uniformados en las calles, la capital sigue expuesta a este tipo de agresiones.

  • 25-N, la fecha que la derecha portuguesa quiere equiparar a la Revolución de los Claveles

    25-N, la fecha que la derecha portuguesa quiere equiparar a la Revolución de los Claveles

    Este martes se cumplen cincuenta años del 25 de noviembre de 1975, la fecha que puso fin al PREC –Periodo Revolucionario En Curso»– y que continúa dividiendo a la política portuguesa. Si para unos es un momento decisivo que evitó que Portugal derivara hacia una guerra civil, para otros se trata de un episodio secundario que nunca debería equipararse al 25 de abril de 1974, día de la Revolución de los Claveles.

    El Gobierno conservador sostiene que es fundamental recordar este aniversario porque, según afirma el ministro de Defensa, Nuno Melo, permitió «consolidar la democracia y evitar que el país cayera en la guerra civil». El Ejecutivo organizó varios actos conmemorativos y una exposición en el Museo de la Marinha con documentos inéditos de aquel año y medio de convulsión política y militar. «Muchas personas que nacieron después no tienen memoria vivida de lo que ocurrió», señaló Melo a ABC al inaugurar la muestra.

    En cambio, el Partido Comunista Portugués ha decidido no participar en ninguna ceremonia oficial. Rechazan frontalmente que el 25 de noviembre pueda colocarse al mismo nivel que el 25 de abril, la fecha histórica que puso fin a casi medio siglo de dictadura salazarista, abrió el camino a la descolonización en África y devolvió la libertad a Portugal. Para el PCP, la comparación supone «diluir la importancia fundacional» de la Revolución de los Claveles.

    La división política se refleja también en el discurso del presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, quien ha manifestado dudas sobre el formato militar previsto para celebrar la efeméride en la Plaza del Comercio, calificándolo de «regreso al pasado». El propio concepto de conmemoración está en entredicho: mientras la derecha defiende recordarlo como una fecha clave de estabilidad, la izquierda insiste en que no debe festejarse un día que, según ellos, «divide más de lo que une».

    Pese a las discrepancias actuales, los historiadores coinciden en que el periodo comprendido entre abril de 1974 y noviembre de 1975 fue uno de los más turbulentos del país. Fue una época marcada por tensiones ideológicas, nacionalizaciones masivas, reforma agraria y una sucesión de golpes y contragolpes militares. En el llamado ‘Verano Caliente’ de 1975 se multiplicaron los ataques; «incluso la Embajada de España en Lisboa fue objeto de un atentado», recuerda Nuno Melo.

    El 25 de noviembre quedó fijado en la memoria colectiva como el día en que los militares moderados frenaron lo que consideraban un posible golpe de extrema izquierda. Esa tesis sigue siendo rechazada por la denominada «izquierda militar», que resultó derrotada y sostiene que la amenaza nunca existió.

    El fotoperiodista João Marques Valentim recuerda que no durmió en la noche del 24 al 25 de noviembre. Estaba con los agricultores, retenido en Rio Maior, en la carretera entre Oporto y Lisboa, que permanecía cortada. Cuando alrededor de las cinco de la madrugada se reabrieron las comunicaciones, se dirigió a la capital y fue fotografiando los acontecimientos para el periódico de la época ‘A Luta’. «Vi la columna de militares liderada por el capitán Salgueiro Maia en la carretera de Santarém. Después, los vehículos militares en la plaza del Rossio. Por último me dirigí al Palacio de Belém, donde presencié el ataque al cuartel de la Policía Militar, en el que hubo heridos y algún muerto», recuerda el fotógrafo.

    Imagen principal - Manifestación organizada por el Partido Socialista junto al cuartel de los Comandos de Amadora, en la primera foto. En la segunda imagen, comandos del Cuartel de Amadora comandados por el general Ramalho Eanes. En la tercera foto, el general Ramalho Eanes, la tarde de 25 de noviembre de 1975 hablando a los periodistas diciendo que todo estaba bajo control en el Palacio de Belém
    Imagen secundaria 1 - Manifestación organizada por el Partido Socialista junto al cuartel de los Comandos de Amadora, en la primera foto. En la segunda imagen, comandos del Cuartel de Amadora comandados por el general Ramalho Eanes. En la tercera foto, el general Ramalho Eanes, la tarde de 25 de noviembre de 1975 hablando a los periodistas diciendo que todo estaba bajo control en el Palacio de Belém
    Imagen secundaria 2 - Manifestación organizada por el Partido Socialista junto al cuartel de los Comandos de Amadora, en la primera foto. En la segunda imagen, comandos del Cuartel de Amadora comandados por el general Ramalho Eanes. En la tercera foto, el general Ramalho Eanes, la tarde de 25 de noviembre de 1975 hablando a los periodistas diciendo que todo estaba bajo control en el Palacio de Belém
    Un 25 de noviembre convulso
    Manifestación organizada por el Partido Socialista junto al cuartel de los Comandos de Amadora, en la primera foto. En la segunda imagen, comandos del Cuartel de Amadora comandados por el general Ramalho Eanes. En la tercera foto, el general Ramalho Eanes, la tarde de 25 de noviembre de 1975 hablando a los periodistas diciendo que todo estaba bajo control en el Palacio de Belém
    João Marques Valentim

    Los hechos se desencadenaron cuando las unidades de paracaidistas se sublevaron en protesta por la amenaza de disolución de su regimiento. Ocuparon varias bases aéreas, lo que sirvió de justificación para activar el dispositivo militar que los moderados llevaban meses preparando. El operativo, dirigido por el entonces teniente coronel Ramalho Eanes, sofocó la insurrección. Aquella tarde se decretó el Estado de sitio en Lisboa, algo inédito en la historia portuguesa contemporánea.

    50º aniversario

    Con ocasión del 50º aniversario de la fecha, el Ministerio de Defensa ha preparado un documental con archivos históricos proporcionados por la televisión lusa RTP, en el que se incluye una entrevista con Ramalho Eanes, uno de los protagonistas del episodio y que más tarde sería elegido presidente de Portugal. En su testimonio, Eanes afirma que «existían dos grupos –uno radical y revolucionario, y otro moderado– y, aunque hubo varias conversaciones, quedó claro que no había conciliación posible». Según él, el clima de inseguridad era tal que «la mayoría de los ciudadanos portugueses solo querían que se restableciera el orden», convencidos de que un triunfo radical podía «poner en riesgo la libertad y la democracia prometidas por abril».


    Inauguración este lunes de la Exposición del 25 de abril al 25 de noviembre en el museo del Ejército, con la presencia del ministro de Defensa, Nuno Melo


    Virginia López

    Las conmemoraciones oficiales culminan este martes con una sesión solemne en el Parlamento portugués, donde la derecha ha insistido en que la decoración floral sea equivalente a la del 25 de abril, pero sustituyendo los tradicionales claveles rojos por rosas blancas. Para los partidos conservadores, esta fecha merece un reconocimiento similar porque, en palabras de Melo, «salvó a Portugal de una posible guerra civil». La izquierda, sin embargo, mantiene que la comparación es «inaceptable» y que el 25 de noviembre no puede ocupar el mismo lugar simbólico que la Revolución de los Claveles.

    Por ahora, el 25 de noviembre no es festivo nacional –a diferencia del 25 de abril–, pero la discusión sobre si debe convertirse en una fecha oficial o incluso en un nuevo día nacional de celebración sigue abierta medio siglo después.

  • La Casa Blanca defiende que solo quedan detalles «delicados, pero no insuperables» para el acuerdo en Ucrania

    La Casa Blanca defiende que solo quedan detalles «delicados, pero no insuperables» para el acuerdo en Ucrania

    Las negociaciones, presiones y tomas de postura sobre el acuerdo de paz en Ucrania se amontonan este martes, cuando se acerca el plazo impuesto por Donald Trump para que Volodímir Zelenski acepte su propuesta para acabar con la guerra: este jueves, día de Acción de Gracias en EE.UU.

    Tanto el Gobierno de Kiev como la Casa Blanca tratan de proyectar optimismo sobre el acuerdo, pese a que, en los puntos más complicados, las posiciones entre Ucrania y Rusia aparentan estar tan distanciadas como siempre.

    Por el lado ucraniano, el secretario de seguridad nacional y mano derecha de Zelenski, Rustem Umerov, defendió que las delegaciones de su país y de EE.UU. «han llegado a un entendimiento común en lo que tiene que ver con los términos del acuerdo discutido en Ginebra». Lo decía en referencia a las conversaciones durante el pasado fin de semana en la ciudad suiza, donde se encontraron con los negociadores jefe de EE.UU.: el secretario de Estado, Marco Rubio, y Steve Witkoff.

    A la vez, el Gobierno de Kiev filtraba declaraciones esperanzadoras a la prensa, asegurando que Ucrania había aceptado el plan de EE.UU. y que «en esencia» los dos países están de acuerdo.

    «Durante la última semana, EE.UU. ha conseguido grandes progresos hacia un acuerdo de paz, trayendo a la mesa de negociación tanto a Ucrania como a Rusia», aseguró por su lado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. «Quedan unos pocos detalles delicados, pero no insuperables, que deben ser solucionados y que requieren de más conversaciones entre Ucrania, Rusia y EE.UU.».

    Las declaraciones desde Kiev y Washington parecían buscar calentar la posibilidad de un acuerdo elusivo, por el que Trump batalla desde que regresó a la Casa Blanca en enero y que solo le ha provocado frustración.

    El plan queda reducido a 19 puntos

    Porque las piezas del tablero no parecen haberse movido de forma decisiva en las últimas horas. El plan de 28 puntos que Trump presentó a los ucranianos la semana pasada –y bajo el que impuso el plazo de Acción de Gracias– era muy favorable a Rusia, había sido diseñado de la mano de Moscú y para muchos ucranianos era sinónimo de capitulación. Incluía cesiones territoriales importantes y el adiós definitivo a la OTAN, entre otros.

    Ese plan de 28 puntos quedó reducido a un plan de 19 puntos tras las conversaciones «productivas» en Ginebra entre EE.UU. y Ucrania. Pero ese plan, en esencia, omitía los asuntos más complicados y que hasta ahora han impedido la paz. De nuevo, la cuestión territorial o el eventual ingreso en la OTAN. Es decir, era una patada de despeje en los puntos que más separan a las partes.

    Rusia, por el momento, no parece haber cambiado su posición para nada. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que «no hay nada nuevo de lo que informar» sobre las negociaciones. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, insistió en que cualquier enmienda al plan de 28 puntos tiene que reflejar el «espíritu y la letra» de las conversaciones que Vladimir Putin y Trump tuvieron en agosto en Alaska, donde el presidente de EE.UU. pareció asumir las posiciones de su homólogo ruso para el fin de la guerra.

    Las conversaciones siguen en marcha en diferentes planos. En Abu Dabi, el secretario del Ejército de Tierra de EE.UU., Daniel Driscoll, se reunía este martes con una delegación rusa. Por el lado europeo, la llamada Coalición de Voluntarios, cada vez más descolocada en el proceso, mantenía una videoconferencia para analizar la marcha de las negociaciones.

    Al final, el proceso solo se acelerará con la negociación directa con quien más presión puede poner para la consecución del acuerdo. El jefe de Gabinete de Zelenski, Andrei Yermak, aseguró este martes que Zelenski quiere un encuentro con Trump esta misma semana, durante el fin de semana de Acción de Gracias.

    Necesita convencer al presidente de EE.UU. de que el obstáculo para la paz es Putin, no él, y que la presión debe ser ejercida sobre Rusia, no sobre Ucrania. La Casa Blanca, por el momento, no confirma que haya una visita planeada. Trump tenía previsto viajar este martes por la noche a Florida para disfrutar allí de la gran fiesta anual en EE.UU.

  • La maldición de los Bibas: «Lo que ha hecho el Gobierno de España con nosotros da asco»

    La maldición de los Bibas: «Lo que ha hecho el Gobierno de España con nosotros da asco»

    Los secuestran por separado. Un grupo se lleva a Yardén Bibas, el padre de la familia, judío yemenita de 34 años, y otro, a Shiri Silberman, su mujer de 32, de origen argentino, con sus dos niños, Ariel de 4 años y Kfir de uno. En el camino frente a su casa de Nir Oz, la madre aparece con los ojos descoyuntados por el espanto, rodeada de terroristas, con sus dos hijos pelirrojos en brazos. Los terroristas le gritan, ella llora, agarra a sus hijos, no sabe qué hacer ni adónde ir.

    Esa mañana, día nacional del desconcierto en Israel, el país empieza a comprender que Hamás ha invadido el sur y que han asesinado a cientos de personas. La imagen de Shiri y los dos críos absortos ante la escena que se desarrollaba a su alrededor es grabada por los terroristas y recorre los informativos de todo el mundo.

    Edith Silberman, la tía de Shiri, no la ve hasta la noche cuando sus hijos le comunican que tienen algo que enseñarle y no reconoce a su sobrina. «No parecía ella», admite ahora. Para entonces, los niños se han convertido en un símbolo de la violencia de Hamás y las fotos familiares de los pequeños llenarían las paradas de los autobuses, los reportajes de los periódicos, los monumentos que la gente improvisó en las plazas con un mensaje: ‘Bring them back now’ (‘Traedlos de vuelta ahora’).


    Carteles con las fotos de los dos niños pelirrojos


    Ch. A.

    Los monumentos se iluminaron de naranja, los restaurantes sirvieron en manteles naranjas y soltaron al cielo globos naranjas como el pelo de los niños. Los doscientos rehenes tenían que volver, pero, sobre todo y por encima de todo, tenían que volver ellos. Eran, en su fragilidad, un mandato, una línea que, si se cruzaba, rompería muchos límites. «La gente me decía que no iba a hacerles daño porque eran una imagen emblemática. Nunca regresaron».

    Desmembrados

    En febrero, Hamás devolvió muertos a la madre –primero entregaron un cuerpo falso–, y los hijos alegando que habían muerto en un bombardeo de Israel. Tel Aviv asegura que desmembraron los cadáveres de los niños para simular este final. Tras 484 días de cautiverio liberaron a Yarden, que vive en el Kibutz de sus padres. «Recibe tratamiento en un hospital y pasa los días acudiendo a los actos en los que se homenajea a su familia y bautizan con el nombre de sus hijos plazas, colegios y salas de juego de hospitales. Es un hombre callado, tranquilo», explica Edith en la sala de reuniones de un hotel de la capital israelí frente a un grupo de periodistas que ha concitado la asociación Fuente Latina.

    «Todo es distinto: lo dulce ya no es tan dulce. La alegría no es tan alegre. No sé si algún día volveré a ser la misma»

    Antes de hablar posa sobre la mesa un paquete de clínex y narra la historia desde un lugar doloroso y resignado, un lugar emocional que queda más allá de la rabia, y más acá de la resignación, un desierto áspero y desabrido por el que transita hace dos años.

    «No he visitado la casa de Nir Oz porque quiero recordar las cosas lindas y los buenos momentos de cuando estábamos juntos», afirma. La vivienda sigue igual que tras el 7 de octubre y que en el aniversario del 7 de octubre como un mausoleo desordenado, la puerta cerrada con un candado, la casa consumida por el fuego, las fotos de los críos y de la madre pegadas a la pared mirando desde un tiempo que no existe, el mismo gato huérfano y pegajoso…

    Los juguetes de los niños –bicicletas, patinetes, peluches y una casita de plástico junto al árbol– se han descolorido por efecto del sol y de una ausencia que parece eterna. Alguien ha colocado unas vallas para proteger todo aquel revoltijo de triciclos volcados que nadie aún se ha atrevido a tocar. «Shiri era maestra jardinera, una madre buenísima, calmada, amable, Ariel era un terremoto y no paraba ni un minuto y Kfir, sencillamente, un bebé», recuerda su tía abuela, y sonríe entre lágrimas del mismo azul que los ojos de los críos.

    Un poco más allá estaba la casa de los abuelos Yossi (José Luis), su hermano, y su mujer. «Cuando entró el ejército, nos dijeron que los habían secuestrado también, pero a las dos semanas los arqueólogos que vinieron encontraron algunos restos suyos. La casa había ardido durante horas. Yossi, que llegó a Israel de Argentina con 18 años, trabajaba en un taller arreglando maquinaria de agricultura y llevaba a los gazatíes enfermos al hospital en Israel.

    ¿Aún cree en la paz?

    En este país hemos vivido muchas guerras y nosotros pensábamos que podíamos vivir unos al lado de otros. Ya no. El odio hacia nosotros es demasiado fuerte. Aquí educamos en el amor y allí, en el odio. No puedes salir de él si los libros te explican cuando eres un niño que tienes que hacerte mayor para matar a los judíos. Cuando tienes veinte años, haces lo que has escuchado. Nosotros celebramos la vida y ellos, la muerte. ¿Con quién vamos entonces a hacer la paz?

    ¿Cree que hay civiles al margen de Hamás?

    Después de los terroristas entraron muchos civiles a robar y a matar con machetes y hoces. Yo pensaba que estaba Hamás y, después, el resto de la gente. Ahora ya no sé quién es quién. Quizás haya gente que quiera vivir en paz, pero son una minoría.

    Edith pide un café con leche y por un momento, abandona el llanto momentáneamente para enfadarse. La saca de allí la mención al Gobierno de Israel, que no la ha visitado, «porque saben que no serán bien recibidos. Debería haber una investigación neutral a toda la gente que tuvo la culpa y que vayan a la cárcel. Es algo que no se puede vivir. El Gobierno de Netanyahu lleva veinte años en el poder y sabían que Catar pasaba valijas de dinero a Hamás, que hacían túneles, que se estaban armando para hacer esto, y no hicieron nada. ¿Cómo el Mossad, que hizo la operación de los buscapersonas en el Líbano, no fue capaz de cuidar de nosotros? Esto hay que investigarlo. Debemos saber lo que pasó·.

    «El día en que liberaron a los veinte últimos rehenes, hubo una fiesta. yo me repetía: ‘¿Por qué volvieron ellos y los míos no?’»

    Edith es fisioterapeuta y tardó meses en poder volver a trabajar. «Estaba en shock». Esta mujer sabe que «la vida no va a volver a ser lo que fue por ese dolor tan profundo. Todo es distinto: lo dulce ya no es tan dulce. La alegría no es tan alegre. No sé si algún día volveré a ser la misma».

    Una boda, una tragedia

    No podía ni puede salir de aquella angustia de bebés raptados, asombro del Gobierno y de un país herido en su orgullo. Toda su vida sigue girando alrededor del 7 de octubre. «Hace un mes casé a mi hijo y lo que tenía que ser una alegría fue una tragedia».

    Ni siquiera las buenas noticias de la guerra la llenaban o, peor, ahondaban en la herida. «El día en que liberaron a los veinte últimos chicos, hubo una fiesta. Tenía la televisión encendida para ver qué es lo que pasaba. La gente estaba contenta y todo el mundo lloraba por la calle. Yo quería llorar de alegría, pero no podía hacerlo. Me preguntaba: ‘¿Por qué volvieron ellos y los míos no?’ Esta es una sensación muy difícil de contar. Por un lado, sientes alivio porque esto se ha terminado aunque quedan tres cuerpos por entregar, pero por otro sientes un vacío muy grande».

    Todo aquel vacío solo lo llenaba el comportamiento de la gente. El Gobierno de Argentina otorgó la nacionalidad a toda la familia Bibas. «Pensamos que así sería más fácil negociar. Se portaron muy bien», reconoce. La gente le llevaba comida, regalos, de todo. Les hacían la compra. A las familias con niños les regalaban juguetes, ropa, cepillos de dientes.

    ¿Cómo ha vivido la oposición a Israel de muchos países como España?

    Ha sido terrible, como si me clavaran un cuchillo en el corazón. Toda esa gente negando lo que pasó, o diciendo que nos merecíamos lo que nos hicieron. ¿Los bebés pelirrojos se lo merecían? ¿Mi hermano, que nunca hizo mal a nadie, se lo merecía? ¿En serio? Mi cuñada, que era maravillosa, o Shiri, una maestra jardinera… Es una tremenda injusticia que duele muchísimo. La posición de España sobre el 7 de octubre me mató, quizás por cercanía, o porque sigo las noticias de allí. Es horrible. Lo que ha hecho el Gobierno de España es un asco. Politizaron nuestra tragedia para tapar sus cosas. Es una ofensa constante.

  • Trump critica a Ucrania por su «cero gratitud» hacia EE.UU. durante las negociaciones en Ginebra para el fin de la guerra

    Trump critica a Ucrania por su «cero gratitud» hacia EE.UU. durante las negociaciones en Ginebra para el fin de la guerra

    Las discusiones sobre el plan de paz propuesto por Donald Trump para poner fin a la guerra en Ucrania se han trasladado a Ginebra (Suiza), donde esta mañana la delegación ucraniana se reunió con representantes de Francia, Alemania y Reino Unido. Las negociaciones continuarán esta tarde con un encuentro con la delegación de Estados Unidos.

    Para impulsar este plan, considerado por Kiev como una posible capitulación, el presidente estadounidense ha enviado a Suiza al secretario de Estado, Marco Rubio, quien aterrizó este domingo acompañado del enviado especial para Oriente Próximo, Steve Witkoff, y del secretario del Ejército, Daniel Driscoll.

    Rubio y Witkoff mantuvieron esta mañana una reunión con los ucranianos en un intento de acercar posiciones. Mientras tanto, Donald Trump ha dado un ultimátum, a Kiev, hasta el próximo jueves, 27 de noviembre, para que responda si acepta o no su plan de paz. Por su parte, los europeos buscan reequilibrar unas condiciones que consideran demasiado favorables a Moscú.

    En mitad de las negociaciones, mientras el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, considera que las propuestas estadounidenses para poner fin a la guerra en Ucrania podrían incorporar intereses nacionales ucranianos, su homólogo estadounidense ha acusado en Truth Social al Gobierno de Kiev de falta de «gratitud» por el apoyo de Washington contra la invasión rusa.

    «Ya hemos recibido breves informes de los miembros de nuestra delegación sobre los resultados de sus primeras reuniones y conversaciones», ha escrito Zelenski en X. Y añade: «Seguimos trabajando para que todos los elementos sean realmente eficaces para lograr el objetivo principal que nuestro pueblo anhela: poner fin definitivamente al derramamiento de sangre y a la guerra».

    En cambio, Trump ha cargado contra «los ‘líderes’ de Ucrania», aseverando que «no han expresado nada de gratitud por nuestros esfuerzos». También ha denunciado la fragilidad de su predecesor en el cargo, Joe Biden y ha tachado la guerra en Ucrania de «catástrofe humana», sin responsabilizar al Kremlin de la invasión.

    Aunque Trump mantiene su intención de imponer un acuerdo rápido, ha matizado su postura al afirmar hoy que «esta no es mi última oferta». «Queremos la paz, y el fin de la guerra tendría que haberse logrado hace mucho tiempo. Lo que buscamos es el cese de las hostilidades», declaró el presidente estadounidense.

    Las negociaciones giran en torno a este plan de paz de 28 puntos elaborado por Estados Unidos que ha sido bien recibido por Vladímir Putin. Entre sus propuestas figura que Kiev ceda a Rusia los territorios actualmente ocupados, se retire de las zonas que aún controla en las provincias de Lugansk y Donetsk, reduzca sus fuerzas armadas y renuncie a ingresar en la OTAN.

    Este plan, según Rubio, «ofrece un marco sólido para seguir conversando, basado no solo en propuestas rusas sino también en contribuciones previas de Ucrania». Sin embargo, algunos senadores estadounidenses lo han calificado como «la lista de deseos de Putin». Von der Leyen, en nombre de la Unión Europea, subrayó el papel «fundamental» de la Unión en el plan de paz.

    Ecos del G20

    La presencia de una delegación europea en Ginebra es una novedad, ya que hasta ahora no había participado oficialmente en las negociaciones. Este sábado, en los márgenes del G20, representantes de la UE se reunieron con Canadá y Japón para intentar construir una postura común frente al plan de Trump y participar activamente en las conversaciones.

    El presidente francés Emmanuel Macron declaró que «es una buena noticia que Estados Unidos presente una propuesta para un alto el fuego y para la paz, y debemos apoyar estos esfuerzos. Sin embargo, lo que está en juego es la soberanía de Ucrania y la seguridad europea. Por eso es legítimo que tanto ucranianos como europeos estén presentes».

    Los europeos insisten en la necesidad de incluir garantías frente a Rusia, «el país que inició la guerra». Macron subrayó que «si no existe un mecanismo de disuasión, los rusos podrían reanudar la ofensiva». La delegación ucraniana tiene previsto reunirse con los representantes europeos esta tarde, tras su encuentro con los estadounidenses.

    Suiza, por su parte, ha celebrado haber podido organizar este encuentro en tan poco tiempo. El portavoz del Departamento Federal de Asuntos Exteriores (DFAE), Nicolas Bideau, explicó que tanto Estados Unidos como Ucrania contactaron al Gobierno suizo para que ejerciera un papel de «facilitador» en estas negociaciones.

  • El juez envía a prisión a Bolsonaro tras intentar quitarse la tobillera electrónica en su domicilio

    El juez envía a prisión a Bolsonaro tras intentar quitarse la tobillera electrónica en su domicilio

    La Policía Federal (PF) brasileña ha arrestado este sábado al expresidente brasileño Jair Bolsonaro atendiendo a una medida cautelar del juez del Tribunal Supremo, Alexandre de Moraes, por no cumplir las normas de la detención domiciliaria preventiva en la que se encontraba desde agosto. A las seis de la mañana, hora local, Bolsonaro recibió a la policía y fue trasladado a la sede de la Superintendencia de la PF en Brasilia, donde aguarda en una celda especial llamada «Sala de Estado».

    Según el documento firmado por el juez Moraes, Bolsonaro trató de sacarse el grillete electrónico a las 0:08 (4:08, hora peninsular española) de este sábado. «La información confirma la intención del condenado de romper el grillete electrónico para garantizar el éxito de su fuga, facilitada por la confusión causada por la manifestación convocada por su hijo», escribe Moraes sobre los datos del Centro de Integración de Monitoreo Integrado del Distrito Federal presentados a la Corte.

    La medida cautelar, que no tiene una duración fija preestablecida, fue determinada por el juez bajo el argumento de «garantizar el orden público», después de que el hijo mayor del expresidente, el senador Flavio Bolsonaro, convocara en sus redes sociales una vigilia para este sábado frente al condominio donde vive su padre. La PF estimó que esta concentración representaba un riesgo para la seguridad de los participantes, los agentes y del propio Bolsonaro.

    Tras conocerse el arresto del expresidente brasileño, Donald Trump, uno de sus grandes aliados, fue preguntado por su entrada en prisión: «Qué mala suerte. Es una estupidez», dijo ante los medios, sin más comentarios.

    Esta orden de prisión preventiva no está relacionada con la condena que el Tribunal Supremo dictó en septiembre, cuando sentenció a Bolsonaro a 27 años y 3 meses de prisión por intento de golpe de Estado, en un proceso que aún se encuentra en fase de recurso y no es definitivo. La prisión actual es una medida cautelar enfocada en la preservación del orden público.

    Los movimientos de sus aliados y de su militancia también estaban presionando a una decisión del Supremo. El viernes, el diputado Nikolas Ferreira, uno de los liderazgos de la juventud ultraderechista, visitó a Bolsonaro y dejó la casa manifestando su preocupación por la salud y la vida del expresidente. «Alguien quiere verlo muerto», declaró Ferreira a la prensa a la salida de la casa de Bolsonaro, sin citar, pero en clara referencia al juez Moraes.

    27
    años y tres meses de prisión

    El expresidente Bolsonaro ha sido condenado por el intento de golpe de Estado

    En otra acción paralela, el Supremo ordenó el viernes la prisión preventiva de Alexandre Ramagem, diputado federal y exdirector de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) del expresidente, condenado a 16 años de prisión en la misma causa, por intento de golpe de estado. Las investigaciones apuntan que Ramagem se habría fugado clandestinamente a Estados Unidos en septiembre, lo que también complicó el caso de Bolsonaro.

    Mientras el convoy policial se dirigía a la sede de la PF, la exprimera dama Michelle Bolsonaro, que no se encontraba en casa durante la detención, compartió el Salmo 121 de la biblia en sus redes sociales, un pasaje bíblico que se refiere a la protección divina. «El Señor te protegerá de todo mal; protegerá tu alma. El Señor protegerá tu entrada y tu salida, desde ahora y para siempre», termina el verso de ese Salmo.

    La Sala de Estado

    Según informaciones de la Policía, el expresidente reaccionó con tranquilidad a la prisión y fue sometido a un examen de cuerpo de delito por parte de agentes del Instituto Médico-Legal (IML). Bolsonaro fue trasladado durante 18 kilómetros en una caravana policial desde su casa a la sede de la Policía Federal. El horario fue escogido para evitar mucha exposición mediática.

    Bolsonaro fue recibido en una Sala de Estado dentro del edificio público, un espacio reservado para altas figuras públicas y autoridades, con muebles básicos, con mesa, silla, cama y un baño privado. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el expresidente Michel Temer también pasaron sus periodos de detención en salas con esta configuración.

    El equipo de defensa de Bolsonaro informó por la mañana que no sabía los motivos de la prisión, pero que va a recurrir a la condena por intento de golpe. El viernes, la defensa ya había solicitado la sustitución del régimen inicial cerrado por una prisión domiciliaria humanitaria.

    La defensa de Bolsonaro alega que el expresidente padece varios problemas de salud y reitera que el ingreso en el sistema penitenciario supondría un «riesgo concreto a la vida»

    En la petición, los abogados argumentan que Bolsonaro padece un «cuadro clínico grave» y sufre varios problemas de salud, alegando que el ingreso en el sistema penitenciario supondría un «riesgo concreto a la vida».

    En un informe médico de la defensa detalla un historial de cirugías desde el atentado de 2018 con una cuchillada en el abdomen, episodios de neumonía y un conjunto de problemas de salud (cardíacos, pulmonares y gastrointestinales) que exigen monitoreo continuo y la posibilidad de atención hospitalaria inmediata.

    A los 70 años, Bolsonaro aguarda ahora en esa celda especial con monitoreo de salud.

  • «El plan de Trump es lo mismo que pedirle a EE.UU. que ceda Alaska»

    «El plan de Trump es lo mismo que pedirle a EE.UU. que ceda Alaska»

    Los generadores retumban y las alarmas cesan por falta de luz. Por delante quedan varias horas de apagón y una potente explosión hace saltar las alarmas de los coches. En la puerta de su negocio está Oleksii Brizhuk aprovechando el débil sol de noviembre. Este empresario de Kramatorsk, como todos los ucranianos, está bien enterado de los 28 puntos incluidos en el plan de paz elaborado por Estados Unidos. Pero hay uno de ellos que le afecta especialmente: Trump exige a Zelenski que entregue su ciudad natal al país que trajo la muerte y destrucción a Ucrania. Oleksii piensa durante varios segundos antes de contestar; su mirada delata una zozobra profunda. «No va a funcionar. No se puede negociar con bárbaros. Ellos han destruidos nuestras ciudades, han matado a niños. a personas civiles. Queremos una paz, pero debe ser justa. Si entregamos el Dombás, va a ser una catástrofe», apunta con un tono bajo.

    Las presiones que la Casa Blanca ejerce sin cuartel contra el país invadido se sienten especialmente aquí. Kramatorsk conoce la guerra desde hace más de una década. La urbe se convirtió en la capital administrativa de la región de Donetsk, después de que los separatistas a las órdenes de Moscú tomaran el poder en parte de esta provincia oriental de Ucrania. Ahora, después de tres años de guerra y miles de defensores caídos, hay políticos extranjeros intentando decidir su destino. «Yo me pregunto qué diría Trump si su país se viese en una situación parecida y Moscú le exigiese entregar Alaska», zanja Brizhuk.

    Con el frente a 20 kilómetros y ante la amenaza constante de drones y misiles enemigos, la vida se sigue imponiendo en el este de Ucrania. Marina despacha a unos clientes en su pequeña tienda. Ella prefiere no decir su apellido por precaución. La mujer ya vivió en sus propias carnes la ocupación hace años. Otra vez tiene sus cosas preparadas para irse, señala, por si los rusos tomasen control de la ciudad. Esboza un gesto de cansancio y cierra los ojos tras escuchar la pregunta que ya todos en Ucrania se han respondido internamente en varias ocasiones. «No podemos confiar en una negociación con los rusos. Quiero que la guerra acabe, pero lo peor de todo es toda la gente que ya se ha muerto. Ellos ya nunca volverán». A última hora de la tarde, la luz volvió a Kramatorks mientras todo el país asiste al enésimo giro de Trump en su estrategia para poner fin a la guerra.

    Zelenski apeló una vez a la unidad del pueblo este viernes, una fecha señalada en el calendario ucraniano. Era el Día de la Dignidad y la Libertad, que conmemora las dos grandes revoluciones de la Ucrania independiente. En un discurso dirigido a la nación, el mandatario presentó una disyuntiva sombría en este 2025: «O perder su dignidad, o arriesgarse a perder un socio clave». Las autoridades ucranianas prometen defender el interés nacional.

    Un duro invierno

    Ucrania se enfrenta, en palabras de su presidente, a uno de los momentos más difíciles de su historia y tendrá que definir su posición ante los socios. El invierno comenzará oficialmente en menos de diez días. Los apagones duran hasta 16 horas en algunas grandes ciudades, complicando la vida a millones de personas, y Rusia lanza ataques diarios contra la infraestructura energética.

    La situación en el campo de batalla es también complicada por los avances enemigos en varios puntos del frente, incluidas las regiones de Donetsk, Járkov y Zaporiyia. Y el poder del Gobierno está debilitado después de un escándalo de corrupción en el sector energético. Ante esta situación, Trump aprovecha para presionar y demanda una respuesta rápida a una propuesta que la mayoría de ucranianos consideran una capitulación.

    «No puedo imaginar a ningún diputado en su sano juicio votando a favor de enmiendas constitucionales que reconozcan las pérdidas territoriales. Esto es traición en estado puro», destacó la diputada del partido opositor Solidaridad Europea Iryna Gerashchenko en sus redes sociales.

    Ucrania ya ha vivido otros episodios de presión similares por parte del aliado estadounidense. Poco consideran probable que Ucrania acepte estos términos y nada parece indicar que, en este momento, Rusia renuncie a sus posiciones maximalistas. «No creo que haya un acuerdo de paz para el 27 de noviembre, independientemente de las amenazas. Ya hemos pasado por esto antes; estamos dando vueltas en círculos», destacó Tatarigami, famoso analista ucraniano y ex oficial de la Fuerzas Armadas del país. Ucrania se enfrenta a su invierno más duro no solo por la guerra, sino por la paz que quiere imponer Trump.

  • El plan de EE.UU. para Ucrania: Rusia se queda con Donetsk y Lugansk

    El plan de EE.UU. para Ucrania: Rusia se queda con Donetsk y Lugansk

    El plan secreto para acabar con la guerra en Ucrania que Donald Trump y sus negociadores han diseñado de la mano de Rusia ha salido a la luz. Varios medios estadounidenses y europeos tuvieron acceso el jueves por la noche, madrugada del viernes en España, al plan de paz de 28 puntos que Trump quiere imponer al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, para poner fin a la guerra de agresión de Rusia, que está cerca de cumplir cuatro años.

    Sus términos, según la redacción del plan que se han conocido, no son nada favorables para los intereses del Gobierno de Kiev, que ha sido hasta ahora socio de EE.UU.: cesiones de territorios ucranianos a Rusia, garantía de que Ucrania no ingresará en la OTAN, limitación del tamaño de su ejército y exigencia de celebración de elecciones en un periodo de cien días. Como contrapartida, garantías de seguridad sin excesivos detalles sobre la participación de EE.UU. y entrada expedita en la Unión Europea. Mientras tanto, Rusia se queda con todo el territorio que ha invadido de Ucrania, se queda libre de sanciones y es bienvenida de nuevo a la economía global, empezando por su reintegración en el G-7, que volvería a ser G-8.

    Frustración

    La filtración del plan de 28 puntos se produce en medio de un nuevo impulso diplomático por parte de Trump sobre un conflicto que le colma de frustración, como no deja de repetir el propio presidente de EE.UU. Esta semana, mandó una delegación militar a Kiev para negociar con Zelenski. Y su negociador principal, su amigo Steve Witkoff, recibió a un enviado de Vladímir Putin el mes pasado en Florida, donde se empezó a discutir el plan.

    El proceso está inspirado en el reciente éxito de Trump en Gaza, e incluye elementos similares, como un Consejo de Paz –en este caso, para supervisar el cumplimiento– presidido por el propio multimillonario neoyorquino.

    Zelenski no ha reaccionado de forma específica a los contenidos del plan. En un mensaje en su red social el jueves por la noche, cuando ya se había producido la filtración, aseguró que «el lado estadounidense ha presentados puntos de un plan para acabar con la guerra. Es su visión. Yo he descrito nuestros principios clave. Hemos acordado que nuestros equipos trabajarán en esos puntos para asegurar que todo es creíble». «Estamos preparados para un trabajo claro y honesto», añadió Zelenski, que es consciente de las concesiones formidables a las que le aboca el plan propuesto.

    En la cuestión territorial, la más sensible, Rusia se quedaría ‘de facto’ con las provincias de Donetsk y Lugansk, también en el pequeño porcentaje de su territorio todavía en manos ucranianas. Y en las de Jersón y Zaporiya, la línea del frente actual quedará congelada, y los territorios que controla Rusia también serán de su soberanía.

    La renuncia a la OTAN, además, deberá ser incluida en una reforma constitucional, además de obligar a la alianza militar a incluir en sus estatus que nunca admitirá a Ucrania como miembro (para Rusia, la limitación es que apruebe la no agresión de Ucrania o de otros vecinos por ley). Su Ejército no podrá tener más de 600.000 hombres (no hay limitación alguna para Rusia), Ucrania no podrá acoger a tropas de la OTAN y los cazas de combate de la alianza militar solo podrán establecerse en Polonia. Las elecciones en un periodo de menos de cien días, además, complicarán la supervivencia política de Zelenski.

    Una fuente del Gobierno de EE.UU. aseguró a Reuters que el plan de paz se diseñó después de conversaciones con Rustem Umerov, un alto cargo del Gobierno de Zelenski, y que Ucrania estaba de acuerdo con la mayoría de los puntos, después de haberse realizado modificaciones al plan. En los últimos días, sin embargo, los ucranianos han mantenido que el diseño ha sido por parte de EE.UU. y Rusia y que ellos solo habían recibido «señales» sobre su elaboración.

    Es difícil saber si el plan filtrado será el documento final que Trump buscará imponer a Zelenski. Pero es evidente que su reacción creará mucho descontento en una Ucrania descosida por una guerra cruenta. «El nuevo plan de paz de EE.UU. empuja a Ucrania hacia la capitulación», titulaba el medio ucraniano ‘The Kyiv Independent’.

    Una afirmación con la que concuerdan muchas personas en el país. «Solo hay un plan de paz real: Rusia retira sus tropas de Ucrania, detiene los bombardeos y asume su responsabilidad. Invadieron nuestro país: a quienes hay que detener y presionar es a los rusos, no a nosotros», sentenció la líder del partido opositor Golos, Kira Rudik, a través de sus redes sociales.

    Actitud constructiva

    Kiev mantiene por el momento su actitud constructiva debido a la necesidad de mantener el apoyo militar de Washington y se abre a debatir el plan. «Las partes acordaron trabajar en las disposiciones del plan de manera que se logre un fin justo a la guerra», señala el comunicado publicado por la Oficina del presidente de Ucrania. «Estamos dispuestos ahora, como antes, a trabajar de forma constructiva con Estados Unidos, así como con nuestros socios en Europa y en todo el mundo, para que el resultado sea la paz».

    La fórmula que proponen Rusia y EE.UU. sigue cruzando las líneas rojas ante las que se había plantado el Gobierno ucraniano. «No ha habido un diálogo serio ni un intercambio de ideas. Hasta ahora, el proceso se ha limitado a una lista de exigencias a medida que el Kremlin ha transmitido a Dmitriev –enviado de Putin–, y de Dmitriev a Witkoff. Rusia no ha cedido ni una sola vez», señala el analista ucraniano y exoficial del Ejército Tatarigami en su cuenta de X.

    El endurecimiento de las posiciones del Kremlin tiene que ver con los últimos avances rusos en el frente de Donetsk y Zaporiyia, al sur del país. Y todo parece indicar que Washington está dispuesto a explotar la debilidad de Zelenski tras el estallido del escándalo de corrupción en el sector energético que ha salpicado a varios ministros del Gobierno y a empresarios próximos al presidente. Putin busca aprovechar la ocasión para lograr aquello que sus fuerzas armadas no han conquistado: quedarse con todo el Dombás, conformado por las regiones de Donetsk y Lugansk.

    • Cesiones territoriales. Rusia se queda con todo el Dombás, conformado por las provincias de Donetsk y Lugansk, incluidos los territorios que todavía controla Ucrania. Y también con los territorios hasta donde llega el frente en Jersón y Zaporiya.

    • Adiós a la OTAN. Ucrania renuncia a la OTAN y lo tendrá que incluir en su Constitución. Rusia deberá imponer una política de no agresión a Ucrania o sus vecinos por ley.

    • Reducción del Ejército. Ucrania no podrá tener un Ejército de más de 600.000 hombres, y la OTAN no podrá estacionar tropas en su territorio.

    • Garantías de seguridad. EE.UU. se compromete a una «respuesta militar coordinada» en caso de nueva agresión de Rusia a Ucrania.

    • Rusia vuelve. Además de quedarse con territorios invadidos, Rusia se librará de sanciones y regresará al G7.

    Los ministros de Exteriores de la UE reunidos en Bruselas no comentaron los contenidos del plan, pero dieron señales de que no aceptarían concesiones injustas impuestas a Ucrania. «Los ucranianos quieren la paz, una paz justa que respete la soberanía de todos, una paz duradera que no pueda ser obstruida por una agresión futura», dijo el ministro francés, Jean-Noel Barrot. «Pero la paz no puede ser capitulación».

  • Trump da de plazo hasta el próximo jueves para que Zelenski acepte su plan de paz

    Trump da de plazo hasta el próximo jueves para que Zelenski acepte su plan de paz

    Es una exigencia urgente y simbólica. Zelenski conoció el plan del presidente de EE.UU. este jueves, cuando se lo presentó en Kiev el secretario del Ejército de Tierra, Daniel Driscoll, que lideraba una delegación militar enviada a Ucrania.

    Es decir, el líder ucraniano tendrá apenas una semana para decidir sobre una propuesta para acabar con un conflicto cruento, que se acerca a los cuatro años de vida y desatado por la agresión de Rusia, que invadió el país en febrero de 2022.

    Si Trump consigue que Zelenski acepte su propuesta para esa fecha, el presidente logrará su mayor victoria diplomática desde su regreso a la Casa Blanca, incluso superior al alto el fuego y comienzo del proceso de paz que orquestó en Gaza. Y lo vestirá, como es su gusto, de simbolismo: el final del plazo coincide con el día de Acción de Gracias, la festividad más importante del año en EE.UU., cuando las familias se juntan alrededor de la mesa para compartir un pavo. Ese mismo día, Trump podría anunciarles que ha acabado con la guerra en Ucrania, que se ha convertido en su gran quebradero de cabeza en política exterior.

    Con Trump, sin embargo, todo es flexible, nada está cerrado hasta que ocurre. Y el propio presidente de EE.UU. reconoció que podría ser flexible con el plazo.

    «He tenido muchos plazos. Pero si las cosas van bien, tiendes a ampliar los plazos. Pero será el jueves», dijo en una entrevista radiofónica en la cadena Fox News, donde anunció que daba a Zelenski ese margen hasta Acción de Gracias.

    Lo sabe bien Trump, que dijo que en campaña dijo que acabaría con la guerra «en 24 horas» y después ha incumplido innumerables plazos, los impuestos a sí mismo o los que endosó al presidente de Rusia, Vladímir Putin, para que se aviniera a negociaciones creíbles.

    No sería de extrañar que, otra vez, el plazo no se cumpliera, por las dificultades que tendrá el presidente de Ucrania para aceptar tantas concesiones después de tanta muerte y destrucción en su país por la agresión rusa.

    El plan de 28 puntos para la paz en Ucrania

    El borrador del plan de Trump incluye la cesión a Rusia de dos provincias enteras –Donetsk y Lugansk–, incluidas las zonas todavía bajo control ucraniano, además de dejar la frontera en las provincias de Jersón y Zaporiyia donde está ahora la línea del frente.

    Pero además impone la reducción del tamaño de su Ejército, garantías para que Ucrania nunca entre en la OTAN o la imposición de elecciones en cien días. Y todo a cambio de garantías de seguridad por parte de EE.UU. y Europa, ante la eventualidad de un futuro ataque de Rusia, que todavía no están diseñadas con detalle.

    Zelenski: «Perder la dignidad o un socio clave»

    Las declaraciones de Trump se conocen poco después de que Zelenski, que este viernes ha hablado con el vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, advirtiera de que el plan de paz pone en riesgo la alianza entre ambos países.

    En un vídeo, señaló que «Ucrania puede enfrentarse a una elección muy difícil: la pérdida de su dignidad o de un socio clave». Según Zelenski, la próxima semana será «muy difícil» para Ucrania a causa de la presión política, tal y como recoge la agencia de noticias Reuters. No obstante, ha recalcado que no traicionará los intereses de su país en un proceso de paz liderado por Estados Unidos.

  • Trump rechazó la oferta de Maduro de dejar el poder porque no se fiaba

    Trump rechazó la oferta de Maduro de dejar el poder porque no se fiaba

    La Casa Blanca ha rechazado de plano en las últimas semanas un plan que el régimen de Nicolás Maduro trasladó por canales discretos para pactar una salida escalonada del poder en un plazo de dos o tres años. La propuesta, enviada en secreto, planteaba concesiones graduales por parte del chavismo a cambio de una desescalada y del fin del refuerzo militar que Estados Unidos mantiene en el Caribe. Según una fuente consultada por ABC este miércoles, la Administración Trump lo consideró insuficiente desde el primer momento. En Washington no creen en la palabra de Maduro, a quien acusan de haber incumplido acuerdos previos y de haber manipulado de forma reiterada procesos políticos y electorales, incluida la elección de 2024.

    Una propuesta que llegó a ser planteada era que Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen, asumiera después el poder hasta que acabe el actual mandato en 2031, para después celebrar elecciones. Rodríguez controla gran parte del aparato venezolano junto con su hermano Jorge. Ella estuvo en enero de 2020 en Barajas en una visita ilegal, pues tiene vetada la entrada en espacio europeo. Socia de José Luis Rodríguez Zapatero, fue admitida y recibida por José Luis Ábalos tras enviar a este al aeropuerto de Barajas el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

    Al frente de los intentos de negociación en Washington está Ric Grenell, un asesor especial del presidente Trump, que no tiene cargo oficial alguno más allá de presidir el centro Kennedy para las artes escénicas, y que se vio en enero con el dictador en Caracas. Grenell ha intentado convencer a Trump de que María Corina Machado, la líder opositora cuyo partido ganó las elecciones presidenciales, no tiene la fuerza necesaria sobre el terreno para consolidar el poder y tomar las riendas de Venezuela. Ha intentado aprovechar la decepción de Trump de no ganar el Nobel de la Paz, que le fue concedido a ella a propuesta, entre otros, del mayor rival de Grenell en la Administración, el secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional Marco Rubio.

    Sin contar con diplomáticos

    El equipo que trabaja con Marco Rubio asegura de forma tajante que ya no hay más margen para la negociación, que Maduro se aprovechó de las concesiones del anterior equipo de gobierno demócrata y que se reforzó internamente hasta robar las elecciones con un fraude ampliamente documentado. Pero hay algo llamativo en la estrategia de Rubio: el Departamento de Estado se halla totalmente esquinado.

    Las gestiones relativas a Venezuela y la presión sobre el dictador se están desarrollando dentro de un círculo muy reducido, al margen de diplomáticos de carrera y de legisladores del Capitolio que, en público y en privado, han expresado su rechazo a la campaña contra las barcazas que supuestamente transportan cocaína. En esos ataques han muerto ya alrededor de 80 personas, según recuentos extraoficiales, porque la Administración Trump no ha ofrecido hasta ahora una cifra pública ni una relación detallada de los operativos.

    La oferta, que Washington interpretó como una señal de inquietud real dentro del chavismo ante la escalada militar y la presión diplomática de EE.UU., proponía una transición lenta y con garantías para la cúpula del régimen, que pretende mantener sus fortunas amasadas. De acuerdo con esas fuentes, fue el propio Maduro quien planteó primero, en contactos informales que se reanudaron a comienzos de noviembre, la posibilidad de dejar el cargo tras un periodo de dos o tres años. A sus 62 años, lleva en el poder desde 2013, perpetuado en un régimen dictatorial bajo el cual se ha producido uno de los mayores éxodos de la historia.

    El plan incluía grandes concesiones económicas para empresas estadounidenses interesadas en el sector petrolero venezolano, y acceso a los recursos naturales de todo tipo, algo sin duda incluido para atraerse a Trump, que ha pedido trato especial para su país en acuerdos similares. La respuesta de EE.UU. a los intermediarios de Maduro fue un no rotundo. Fuentes conocedoras de las deliberaciones consultadas ayer por ABC lo resumen así: «Cualquier transición que prolongue a Maduro en el cargo es inviable para esta Administración. Venezuela funciona como un Estado narco-terrorista, lo que impide una negociación que se pueda llevar a cabo de buena fe».

    Ese rechazo llega en un contexto de presión inédita y en aumento. Según ha revelado el diario ‘The New York Times’, el presidente Trump ha autorizado planes de la CIA para llevar a cabo operaciones encubiertas dentro de Venezuela, según varias personas al tanto de la estrategia. Estos preparativos buscan crear condiciones para posibles acciones posteriores y forman parte de un complejo más ambicioso de presión militar y económica.

    Transición inviable

    Mientras, Trump mantiene en el Caribe el mayor despliegue naval desde la Crisis de los Misiles: el portaaviones Gerald R. Ford, tres destructores Aegis y unos 15.000 uniformados, incluidos marines en buques anfibios y unidades en bases de Puerto Rico. Desde septiembre se han efectuado 21 ataques contra embarcaciones señaladas por Washington como dedicadas al narcotráfico. Los mandos militares han reconocido en privado que los cargamentos eran de cocaína, pese a que Trump los ha vinculado públicamente al tráfico de fentanilo, una sustancia que en realidad llega desde China.

    En paralelo, el Departamento de Estado ha anunciado que designará el 24 de noviembre al llamado cártel de los Soles como organización terrorista. Así se refiere en EE.UU. la fiscalía a la cúpula chavista, en un esquema de narcotráfico para lucro de los jerarcas. Aunque no se trata de un cártel tradicional, la medida permite considerar como terrorismo una parte sustancial del aparato estatal venezolano, ampliando el margen legal para diseñar nuevas acciones, incluidas una posible extracción, es decir, capturar a Maduro.

    Trump también ha dicho que podría hablar con Maduro, lo que las fuentes consultadas por ABC creen que obedece a una estrategia de seguir ampliando la presión hasta que la situación del dictador sea insostenible y ese mismo se entregue para facilitar el cambio democrático en su país algo que, creen, no es fácil que acabe sucediendo.