El pasado 29 de septiembre, Fatima Ezzahra El Mansouri se convirtió en la primera mujer al frente del Gobierno de Marruecos. Jurista, alcaldesa de Marrakech y ministra, cuenta con experiencia política y de gestión.
Marruecos se suma a otros países africanos que han tenido o tienen a una mujer en la presidencia o en la jefatura del Gobierno. Manuela Roka Botey fue la primera mujer nombrada primera ministra de Guinea Ecuatorial, encargada de la Coordinación Administrativa. Netumbo Nandi-Ndaitwah preside Namibia; Samia Suluhu Hassan, Tanzania; y Judith Suminwa es primera ministra de la República Democrática del Congo.
Son países distintos y mujeres con recorridos diferentes. Cada una ha llegado con su experiencia y sus ideas.
Ser la primera tiene un significado especial. Una mujer ocupa un lugar que ninguna había ocupado antes. Después tiene que venir otra, y después otra. No para repetir el camino de quien llegó antes, sino para hacer el suyo.
Pensarán distinto, tomarán otras decisiones, acertarán y se equivocarán. No tendrán que parecerse entre ellas. Sus aciertos serán suyos y también sus errores. El error de una no puede convertirse en el error de todas.
Liderar es representar a todos, incluso a quienes piensan de manera distinta. Escuchar al otro, entender lo que necesita y tratar de darle respuesta no exige dejar de ser quien eres. Gobernar para todos tampoco significa renunciar a tus ideas, sino saber que no gobiernas solo para quienes piensan como tú.
Dejaremos de contar cuántas son cuando podamos hablar de lo que hacen y de cómo gobiernan, sin empezar siempre por recordar que son mujeres.
La primera transforma lo excepcional en posible. Las que vienen después convierten lo posible en normal. Hasta dejar de ser la primera.
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