El último curso político de la era Macron ya ha comenzado en Francia bajo una atmósfera electoral que impregna toda la agenda política. Quedan aún ocho meses para que los franceses acudan a las urnas para designar al sucesor del todavía presidente que aún tiene varios asuntos pendientes que resolver antes de dejar el poder. El propio legado de Macron se ha convertido en una difícil herencia que gestionar para los candidatos de su campo que aspiran a sucederle en su campo político. Dos de ellos, quizá los de más renombre, son los ex primeros ministros Edouard Phillippe y Gabriel Attal. A ellos se ha sumado esta misma semana el conservador Xavier Bertrand, veterano político moderado de Los Republicanos, presentando su propia candidatura.
A ocho meses de las presidenciales de 2027, los elogios al balance de Macron escasean. Al menos en el plano interno. El exsecretario general del Elíseo, Alexis Kohler, uno de los que fuera hombres de confianza del presidente, ha elegido este momento para ofrecer una visión general de los diez años de macronismo en las páginas de La Tribune Dimanche. “Macron ha hecho, o ha intentado hacer, todo lo que había prometido antes de su elección”, ha afirmado añadiendo que han “realizado una serie de reformas que parecían imposibles” durante esta última década de Macron en el poder. Pero lo cierto es que el ímpetu reformista con el que Macron llegó al poder se ha ido dando de bruces con la realidad de dos mandatos en los que el presidente se ha transformado en un gestor de crisis: chalecos amarillos, crisis sanitaria, Ucrania y después, Oriente Medio.
Tras su contestada reforma de las pensiones a principios de su actual mandato y sobre todo, tras el fiasco de convocar unas legislativas anticipadas en las que perdió la mayoría, Macron se ha dedicado a la escena internacional dejando los asuntos internos en manos de un gobierno que ha estado bajo la espada de Damocles de las mociones de censura con cambios constantes de primer ministro hasta que hace un año, Sebastien Lecornu, fiel de entre los fieles, tomara las riendas de forma discreta ante una oposición ya plenamente concentrada en hacer campaña para sus candidatos a la próxima elección presidencial.
De la herencia internacional al plano económico
Es de esperar que se mantenga la misma tónica en estos últimos meses de Macron en el Elíseo. El presidente es consciente que buena parte de su legado puede depender de un gran éxito en el plano internacional y es por ello que concentra sus esfuerzos en los dos grandes conflictos abiertos: Ucrania y Oriente Medio. Lograr la paz en Ucrania o al menos, forzar a Putin a negociar es su prioridad y algo que quedó plenamente plasmado en el último G7 antes del verano en Evian. La estrategia de convencer a Trump para forzar a Putin se ha ido repitiendo por parte del jefe del estado francés en cada foro y cumbre internacional durante estos últimos meses. También desatascar la situación del estrecho de Ormuz y lograr que Francia juegue un rol fundamental quizá por encima de las posibilidades reales que hoy en día tiene la propia diplomacia francesa en la región.

El legado de Macron también está siendo cuestionado en el plano económico. Francia llegó al 5,1% de déficit en 2025 y casi 3 billones y medio de deuda. Los candidatos al Elíseo reconocen las dificultades de la segunda economía de Europa pero piden aplicar recetas distintas para corregirlas si llegan al poder. Para los candidatos más centristas que aspiran al relevo del macronismo, caso de Attal o Philippe, es toda una encrucijada tomar posición -y distancia- de un legado al que ellos mismos están ligados en diferentes momentos durante la última década.
Otro factor que temen los candidatos moderados que aspiran al relevo del presidente es el de las posibles injerencias rusas en campaña. Las autoridades estiman que el riesgo es alto y el gobierno presentó en julio pasado un proyecto de ley para endurecer las penas para quien difunda noticias falsas en contexto electoral sobre todo si es “para servir intereses de otras potencias”. Ya hay una investigación abierta por la fiscalía de París basada en indicios de injerencia rusa contra Philippe, Attal y Glucksmann. Estas operaciones, las primeras sobre aspirantes a la presidencial, apuntaban a posibles problemas de salud de Philippe y Attal, y acusaban a la pareja de Glucksmann, la periodista Léa Salamé, de sobornar a medios para favorecer su candidatura.
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