Donald Trump ha recibido este martes a Gustavo Petro en la Casa Blanca, un encuentro muy esperado entre los presidentes de dos países que mantienen una alianza tradicional y que ha estado cerca de estallar desde el regreso del presidente de EE.UU. … al poder.
La visita era de especial sensibilidad para Petro, que ha tratado de estabilizar su relación con Trump en el comienzo del año, a pocos meses de las elecciones en las que tratará de mantenerse como presidente de Colombia, previstas para el próximo 31 de mayo.
La delegación colombiana pidió a la Casa Blanca que la visita estuviera alejada de los focos, contra la preferencia habitual de Trump. El recuerdo de encuentros explosivos delante de las cámaras, en directo, como el que ocurrió hace poco más de un año en el mismo escenario con Volodímir Zelenski, llevó a los colombianos a preferir una visita discreta. Trump es impredecible y Petro también lo es, un cóctel para el desastre en un momento de relaciones turbulentas entre ambos países.
Entrada discreta
La visita no pudo ser más discreta. Trump no recibió en público a Petro en el lugar habitual por el que entran las visitas de jefes de Estado y de Gobierno a la Casa Blanca, el pórtico norte. Mucho menos en el pórtico sur, que solo se usa para las grandes ocasiones (por ejemplo, cuando Trump recibió al Rey Felipe VI y la Reina Letizia en su primer mandato).
Petro entró por el edificio Eisenhower, en el lado oeste de la Casa Blanca, sin la presencia de la guardia de honor ni protocolo ceremonial. Sin el habitual saludo con las cámaras en el que Trump da la bienvenida a sus invitados.
Después, la Presidencia de Colombia compartió imágenes de Trump y Petro en la Casa Blanca, con un saludo afable y un paseo por la columnata que lleva al Despacho Oval, donde ambos mantuvieron una reunión.
Trump ha calificado al presidente de Colombia de «líder del narcotráfico», le ha atizado con sanciones y no ha dejado de lanzarle ataques verbales. En especial, en los últimos meses del año pasado, durante la campaña de ataques militares a narcolanchas en el Caribe y en el Pacífico, en los que Trump hizo sonar los tambores de guerra contra Venezuela y, también, contra Colombia.
Son dos figuras antagónicas en lo ideológico -Trump, un millonario y estrella de la televisión convertido en populista de derechas; Petro, un exguerrillero izquierdista antiestadounidense- que han puesto en el alambre la relación entre dos países que han cooperado con fuerza. En especial, para acabar con la lacra del narcotráfico, aunque sin apenas resultados.
Hoy inicio mi agenda en Washington como Jefe de Estado, dispuesto a seguir fortaleciendo la relación entre dos naciones que comparten un mismo objetivo: la lucha contra el narcotráfico, desde un enfoque que priorice la vida y la paz en nuestros territorios.
Me acompaña mi… pic.twitter.com/2r9j4Omo8P
— Gustavo Petro (@petrogustavo) February 3, 2026
Poco después de llegar a la Casa Blanca, quedó claro que la relación entre ambos sería tormentosa. Petro aseguró que no recibiría vuelos de inmigrantes indocumentados deportados y Trump le sacudió en redes y le impuso aranceles disparados. El colombiano tuvo que dar marcha atrás.
La relación se ha deteriorado hasta hace unas semanas. Tras la captura de Nicolás Maduro a comienzos de enero, quizá Petro puso sus barbas a remojar. Mantuvo una conversación telefónica con Trump que fue positiva y, de forma sorprendente, el presidente estadounidense le invitó a visitar la Casa Blanca.
El narcotráfico fue uno de los grandes asuntos del encuentro, entre las constantes acusaciones de Trump y la defensa de Petro de sus esfuerzos en este sentido. Antes de dirigirse a la Casa Blanca, desde la Embajada de Colombia, Petro habló del problema de la droga.
«Nosotros lo hemos sufrido de manera directa y real, no se trata de un discurso. He dedicado quince años de mi vida a debates que algunos de ustedes presenciaron y documentaron», dijo en declaraciones junto a su hija, Andrea Petro; su nieta Mailé, nacida el año pasado en Canadá; y Maira Maira González, esposa de Andrés Petro, uno de sus hijos, con asilo en Canadá desde 2021 por amenazas.
Petro defendió que su lucha contra la droga ha supuesto el exilio de sus hijos. “El 35% del Senado de la República terminó en la cárcel a raíz de mis debates, por sus nexos con el narcoterrorismo. El poder político se entregó a la codicia, y nosotros estamos trabajando para rescatarlo, porque una Colombia en paz es una Colombia donde prevalece la belleza y no la codicia”, aseguró.
Pero la realidad, que no escapa a la Administración Trump, es que la producción y la exportación de cocaína en Colombia ha crecido. Según los números de la ONU, sobrepasó las 3.000 toneladas en 2024, un incremento del 12,6% frente al año anterior. En 2023, el país sudamericano tenía 253.000 hectáreas dedicadas al cultivo de coca, un récord, y el 67% del total en el mundo.

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