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El sistema garantiza paridad mediante el uso de USDC, evitando la volatilidad de monedas locales.
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Permite el acceso a fondos sin necesidad de gestionar claves privadas o wallets de criptomonedas.
La industria de las remesas en América Latina comienza a integrar la eficiencia técnica que Bitcoin introdujo hace 18 años para intentar resolver sus propias deficiencias estructurales. MoneyGram, uno de los operadores más antiguos del sector, adoptó la red Stellar y la stablecoin de Circle USD Coin en su modelo operativo.
Con su decisión, la empresa busca replicar la inmediatez de los activos digitales sin desmantelar su infraestructura de oficinas físicas; una estrategia que, tras debutar en Colombia, como fue reportado por CriptoNoticias, ahora se extiende este mes a El Salvador como una propuesta de integración entre el sistema tradicional y el ecosistema de las criptomonedas.
El movimiento no representa una innovación en términos de velocidad, un estándar ya establecido por las redes peer-to-peer, sino que aborda el dilema de la «última milla», es decir, la conversión de activos digitales en papel moneda, como se detalla en un comunicado oficial.
En regiones con alta dependencia del efectivo, como El Salvador, por ejemplo, esta integración permite que el capital se mantenga en USDC, un activo respaldado 1:1 por reservas en dólares, hasta el momento exacto del retiro.
Con esta mecánica, la intención es proteger el valor de la transferencia frente a la volatilidad de las monedas locales, un riesgo crítico en los envíos bancarios tradicionales que requieren de varios días para su liquidación.

Para el usuario que ya opera con activos digitales, surge la duda de qué valor aporta este servicio frente a un envío directo entre wallets de criptomonedas privadas. Esta incógnita se despeja al observar la logística física. Mientras que el uso independiente de stablecoins exige que el receptor gestione sus propias llaves técnicas y encuentre mercados secundarios para obtener efectivo, este modelo utiliza la red de MoneyGram como un cajero automático global.
La ventaja competitiva no es tecnológica, sino de acceso al permitir que el receptor obtenga billetes físicos en una ventanilla local sin necesidad de poseer una cuenta bancaria o conocimientos básicos sobre activos digitales.
Según el comunicado de la empresa, la operatividad se concentra en una aplicación móvil, disponible en sistemas iOS y Android, que funciona como una interfaz simplificada. El sistema elimina la necesidad de administrar claves privadas o pagar comisiones de red de forma manual, aunque introduce como contrapartida los protocolos de identificación de identidad (KYC) propios del sistema regulado.
El dilema entre la privacidad y la conveniencia
Según Anthony Soohoo, director ejecutivo de la empresa, el objetivo es transformar a las stablecoins en una herramienta de consumo masivo, anteponiendo la facilidad del retiro físico a la soberanía técnica del usuario.
El impacto en los costos es el punto donde la competencia se agudiza. Esto porque mientras el Banco Mundial sitúa el costo promedio global de envío de remesas en el 6,49% del monto transferido (primer trimestre de 2025), el modelo sobre Stellar proyecta reducir estos márgenes a menos del 1%.
Si bien esta cifra es competitiva, refleja el costo de mantenimiento de los puntos de atención física, una carga que los usuarios de redes abiertas suelen omitir, pero que sigue siendo indispensable para el sector no bancarizado que depende del dinero en mano para su economía diaria.
Sin embargo, esta convergencia plantea una contradicción de fondo. Al basar el servicio en USDC, un activo centralizado y regulado en Estados Unidos, la operación queda sujeta a mecanismos de vigilancia y potencial congelamiento de fondos. Esto marca una distancia insalvable con la resistencia a la censura que define a las criptomonedas originales como bitcoin.
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