“Es increíble, como ciencia ficción”: los nuevos tratamientos con inmunoterapia que están eliminando el cáncer

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Fuente de la imagen, Emmanuel Lafont/BBC

    • Autor, Jamie Ducharme
    • Título del autor, BBC Future
  • Tiempo de lectura: 9 min

Tras casi un siglo de desarrollo, los tratamientos que refuerzan el sistema inmunológico del cuerpo para combatir el cáncer están alcanzando su madurez y salvando la vida de los pacientes.

Cuando Maureen Sideris, de 71 años, recibió tratamiento para el cáncer de colon en 2008, tuvo que pasar por el quirófano.

Aunque su tratamiento fue exitoso, la recuperación posoperatoria resultó extenuante.

Catorce años después, Sideris, que reside en Nueva York, fue diagnosticada con cáncer de esófago y, en esta ocasión, su tratamiento -ofrecido a través de un ensayo clínico- resultó ser radicalmente diferente.

Cada tres semanas viajaba al Memorial Sloan Kettering Cancer Center, en la ciudad de Nueva York, para recibir infusiones de 45 minutos de un fármaco llamado dostarlimab.

Tras apenas cuatro meses de tratamiento, el tumor de Sideris había desaparecido sin cirugía, quimioterapia ni radiación, y con el único efecto secundario de una insuficiencia suprarrenal que le provocaba fatiga.

“Es increíble”, afirma Sideris. “Es casi como ciencia ficción”.

Y, sin embargo, es real. Ella es una de cada vez más pacientes que se están beneficiando de la inmunoterapia contra el cáncer, un método de tratamiento que está alcanzando su pleno apogeo tras más de un siglo de desarrollo.

“Se me hace un nudo en la garganta y se me pone la piel de gallina”, comenta Jennifer Wargo, profesora de oncología quirúrgica e investigadora en inmunoterapia en el MD Anderson Cancer Center de Texas.

“La gente está viviendo, y viviendo con una buena calidad de vida. Estamos hablando de curaciones”, sentencia.

El cuerpo posee una capacidad natural para “detectar y eliminar aquellas células que no se parecen a uno mismo”, explica Karen Knudsen, directora ejecutiva del Parker Institute for Cancer Immunotherapy, una organización estadounidense sin fines de lucro que promueve el desarrollo de la inmunoterapia.

Si todo funciona correctamente, esto debería incluir a las células que se han vuelto cancerosas, pero estas en ocasiones eluden o burlan este sistema, lo que conduce a un peligroso crecimiento sin control. Se ocultan a plena vista, resultando indistinguibles de las células sanas que las rodean.

El objetivo de la inmunoterapia es desenmascarar esas células cancerosas para que el sistema inmunológico pueda reconocerlas tal como son. Refuerza sus defensas para que pueda localizar y destruir las células cancerosas, con resultados potencialmente increíbles.

Cómo la inmunoterapia combate hoy el cáncer

Un técnico trabaja en un laboratorio de producción de terapias con células CAR-T en las instalaciones de IASO Biotechnology Co., en Nanjing, China.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Un técnico trabaja en un laboratorio de producción de terapias con células CAR-T en las instalaciones de IASO Biotechnology Co., en Nanjing, China.

Dos de las formas más conocidas de inmunoterapia son las terapias con células T con receptor de antígeno quimérico (CAR-T) y los inhibidores de puntos de control inmunitario.

Las terapias con células CAR-T implican extraer células T (las células inmunitarias altamente específicas que rastrean y eliminan invasores extraños) de la sangre de un paciente, modificarlas en un laboratorio para que puedan localizar y atacar las células cancerosas y, posteriormente, reintroducir estas células T potenciadas en el organismo.

Actualmente, estas terapias se utilizan para tratar los cánceres hematológicos.

Por su parte, los inhibidores de puntos de control inmunitario son fármacos que desactivan un interruptor de “apagado” integrado en el sistema inmunitario.

Esta salvaguarda tiene un propósito importante: prevenir respuestas inmunitarias excesivamente agresivas que dañen las células sanas. Sin embargo, algunas células cancerosas pueden accionar este interruptor, provocando que las células T bajen la guardia y escapen a su detección.

Los inhibidores impiden que esto suceda, lo que permite que las células T identifiquen a las células cancerosas como una amenaza y lancen un ataque contra ellas.

Los científicos pioneros de esta innovación obtuvieron el Premio Nobel en 2018 y hoy estos fármacos se utilizan para tratar una amplia variedad de tipos de cáncer.

No obstante, ambos métodos presentan limitaciones. Aunque la investigación continúa, los científicos han tenido dificultades para lograr que las terapias CAR-T sean eficaces contra los tumores sólidos (a diferencia de los cánceres hematológicos), que representan más del 90 % de los nuevos diagnósticos.

Además, se trata de un tratamiento costoso cuya administración requiere una gran inversión de tiempo y recursos.

Por otro lado, los inhibidores de puntos de control inmunitario pueden acarrear un “caleidoscopio de efectos secundarios”, afirma Samra Turajlic, oncóloga médica del Instituto Francis Crick de Londres.

Esto se debe a que los interruptores del sistema inmunitario evitan que el organismo ataque sus propios tejidos; por tanto, eliminarlos puede poner en riesgo tanto a las células sanas como a los propios tumores.

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Pie de foto, Las células cancerosas a menudo pueden parecerse a las células sanas que las rodean, por lo que el sistema inmunitario puede necesitar señales que le ayuden a identificarlas.

Según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, entre los efectos secundarios más comunes se incluyen erupciones cutáneas, diarrea y fatiga, y en casos excepcionales pueden provocar inflamación del hígado, el corazón y los riñones.

Esto puede valer la pena si el fármaco logra controlar un cáncer agresivo, aunque no siempre funciona así.

Un problema fundamental, señala Turajlic, es que ninguna inmunoterapia es eficaz en el 100 % de los pacientes por diversas razones, desde la estructura del tumor -que puede dificultar el acceso del sistema inmunitario- hasta las características de las propias células inmunitarias.

En general, entre el 20% y el 40% de los pacientes responden a la inmunoterapia. Esto significa que un gran número -la mayoría- se expone a efectos secundarios, además de pérdida de tiempo y expectativas, sin obtener grandes beneficios.

Enfoques multifacéticos

¿Cómo pueden beneficiarse más pacientes de la inmunoterapia? Los investigadores están abordando este problema desde múltiples ángulos.

Las investigaciones de Wargo, aunque preliminares, sugieren que los pacientes que siguen dietas ricas en fibra podrían obtener mejores resultados gracias a cambios en el microbioma intestinal que influirían tanto en el sistema inmunitario como en el tumor.

Otras investigaciones sorprendentes indican que las estatinas -fármacos económicos y accesibles para reducir el colesterol- podrían potenciar los efectos de la inmunoterapia mediante cambios inesperados en la comunicación celular.

Incluso el momento de la administración del tratamiento podría ser relevante: estudios recientes sugieren que los pacientes que reciben la dosis a primera hora del día obtienen mejores resultados que aquellos tratados más tarde.

Combinar la inmunoterapia con otros tratamientos oncológicos, como la radioterapia o la ecoterapia, podría ser otra vía para aumentar las tasas de respuesta.

“La radiación puede, de hecho, hacer que el tumor resulte visible para el sistema inmunitario”, explica Sandra Demaria, del Weill Cornell Medical Center, quien ha investigado este enfoque combinado.

La ecoterapia -que utiliza ondas sonoras de alta frecuencia para atacar los tumores- podría lograr el mismo efecto.

Otros investigadores están aprovechando la capacidad de personalización de la inmunoterapia para asignar cuidadosamente a cada paciente el tratamiento más adecuado para su caso.

La medicina personalizada está generando gran entusiasmo en numerosas disciplinas, pero Knudsen subraya que resulta especialmente importante en oncología, dada la heterogeneidad de la enfermedad.

“El cáncer no es una sola enfermedad. Son 200 enfermedades distintas, todas con orígenes diferentes y que, por tanto, requieren tratamientos diferenciados”, afirma la directora ejecutiva del Parker Institute for Cancer Immunotherapy.

Incluso dos pacientes que presenten exactamente el mismo tipo y estadio de cáncer pueden padecer enfermedades distintas a nivel celular.

“Este campo se encuentra en un punto de inflexión”, señala Demaria.

Y asegura que “ahora podemos avanzar hacia un modelo en el que no tratemos el cáncer en sí, sino al paciente”.

Paciente oncológico en un hospital

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Pie de foto, La personalización de los tratamientos se presenta como una de las ventajas de la inmunoterapia.

Científicos del Memorial Sloan Kettering Cancer Center ya han puesto a prueba una estrategia prometedora basada en el hallazgo de que los tumores con un perfil genético específico tienden a responder favorablemente a los inhibidores de los puntos de control inmunitario, como el dostarlimab.

En dos ensayos de pequeña escala realizados en 2022 y 2024 para el tratamiento de cánceres rectales con este perfil, el tratamiento logró erradicar los tumores por completo.

Posteriormente, el equipo amplió su investigación para incluir a 117 pacientes con diversos tipos de tumores -incluidos los de esófago, vejiga y estómago- que presentaban la misma firma genética.

De las 103 personas que completaron el ciclo de tratamiento, 84 -entre ellas Sideris- experimentaron la desaparición total de sus tumores; y de estas, solo dos requirieron cirugía adicional.

Investigadores del MD Anderson han reportado resultados similares con un enfoque que emplea un inhibidor de puntos de control inmunitario diferente.

Asimismo, otros grupos han demostrado que, incluso si los pacientes terminan sometiéndose a cirugía, sus resultados pueden ser mejores -al menos en algunos casos- si los tumores son tratados previamente con inmunoterapia.

Si bien se requiere más investigación, estos hallazgos son prometedores ya que abren la puerta a una era de tratamiento menos invasiva pero altamente eficaz, afirma Luis Díaz, jefe de oncología de tumores sólidos en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.

Díaz afirma que “debemos dejar atrás la época medieval y avanzar hacia la modernidad”.

“Extirpar el recto, el estómago o la vejiga… tenemos que ser capaces de ofrecer algo mejor que eso”, sentencia.

La salvedad es que solo alrededor del 5% de los tumores poseen la composición genética que los hace idóneos para el tratamiento con inmunoterapia sin cirugía que estudiaron Díaz y sus colegas.

“El otro 95% necesita una alternativa igual de eficaz”, señala.

La promesa de las vacunas contra el cáncer

Con ese fin, los investigadores continúan buscando nuevos enfoques de inmunoterapia e intentando perfeccionar los ya existentes, como las vacunas contra el cáncer.

Las vacunas tradicionales exponen al organismo a fragmentos de un patógeno -como un virus- para que pueda ensayar la respuesta inmunitaria que desplegaría ante el agente real.

Un concepto similar podría aplicarse al cáncer, explica Knudsen, con la diferencia de que en este caso se utilizaría para tratar la enfermedad en lugar de prevenirla.

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Pie de foto, Con inmunoterapias personalizadas, los médicos podrán activar las defensas del organismo con mayor precisión, aumentando las probabilidades de remisión.

Las células cancerosas están recubiertas de diversas proteínas de superficie. Mediante el uso de tecnología de vacunas, los investigadores podrían entrenar el sistema inmunitario de un paciente para que reconozca y ataque estas proteínas, desencadenando así una respuesta contundente contra su cáncer específico, explica Knudsen.

Ya existen algunas pruebas preliminares que respaldan este enfoque: investigadores del Instituto del Cáncer Dana-Farber, en Estados Unidos, crearon recientemente vacunas personalizadas para nueve personas que padecían un tipo de cáncer de riñón.

Tras la extirpación quirúrgica de sus tumores, se vacunó a los pacientes para eliminar de sus organismos cualquier célula tumoral residual.

En una investigación publicada en 2025, el equipo informó que los nueve pacientes generaron una respuesta inmunitaria anticancerosa dirigida y se mantuvieron libres de cáncer años después de la cirugía.

Las vacunas personalizadas también han mostrado resultados prometedores en el tratamiento del melanoma.

“Nos adentramos en un mundo nuevo. Es la definición misma de la medicina de precisión. Ahora tal vez podamos desarrollar, y de manera muy rápida, estrategias de vacunación dirigidas específicamente contra el tumor exacto que padece cada paciente”, afirma Knudsen.

A pesar de este entusiasmo, el camino por recorrer es largo.

Se requieren más estudios para validar algunos de los prometedores métodos que están en investigación, así como para avanzar hacia un futuro en el que los médicos puedan asignar de forma precisa y fiable a cada paciente el tratamiento más eficaz contra su cáncer específico.

“Han surgido muchos objetivos terapéuticos y nuevos agentes muy prometedores que, sin embargo, no lograron avanzar más allá de las fases iniciales de los ensayos clínicos”, advierte Demaria.

Es posible que un subgrupo de pacientes no responda a ningún tipo de inmunoterapia, señala Díaz.

Los distintos tipos de cáncer poseen diferentes “superpoderes” que les permiten crecer y prosperar; en consecuencia, el sistema inmunitario es un adversario más eficaz contra algunos de ellos que contra otros.

No obstante, para aquellos pacientes que sí responden, la inmunoterapia ya está demostrando ser una herramienta capaz tanto de salvar vidas como de transformarlas radicalmente.

Sideris, la paciente neoyorquina que participó en el ensayo de Díaz, siente que forma parte de un futuro más esperanzador para la oncología. “Avanzamos en una dirección magnífica”, comenta.

“Uno de los médicos me dijo que, dentro de diez años, someterse a cualquier tipo de quimioterapia o radioterapia será tan anacrónico como las sangrías: algo totalmente obsoleto”, sentencia.

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