Lo que hacen muchas personas mayores de 60 para sentirse mejor en su día a día, según un estudio (y no es ni dieta ni ejercicio)

El paso del tiempo suele asociarse a pérdidas, cambios físicos y transformaciones en la vida social. Sin embargo, en medio de esas transiciones, hay elementos cotidianos que adquieren un papel inesperadamente importante. Entre ellos, el humor aparece con frecuencia en conversaciones informales, reuniones familiares o pequeños momentos compartidos, aunque rara vez se analiza con profundidad desde la ciencia.

Un estudio reciente se adentra precisamente en ese terreno poco explorado: cómo las personas mayores de 60 años viven, interpretan y utilizan el humor en su día a día. A partir de entrevistas detalladas, la investigación no se limita a medir si el humor está presente, sino que intenta comprender qué significa realmente para quienes atraviesan esta etapa vital, cómo cambia con la edad y de qué manera se relaciona con aspectos como el bienestar o las relaciones sociales.

El humor como experiencia compleja en la vejez

El trabajo parte de una idea clave: el humor no es una sola cosa. No se trata únicamente de contar chistes o reír, sino de un fenómeno que combina procesos mentales, emociones y comportamientos. Tal como recoge el propio estudio, el humor puede entenderse como “todo aquello que las personas dicen o hacen que otros perciben como divertido y que tiende a hacerles reír, así como los procesos mentales implicados en crearlo y percibirlo”.

Esta definición amplia permite analizar el humor en múltiples niveles. Por un lado, está su dimensión social, es decir, su capacidad para conectar a las personas. Por otro, su vertiente emocional, relacionada con el bienestar o la regulación de estados de ánimo. Y, además, su componente cultural, ya que lo que resulta gracioso varía según el contexto, la generación o el entorno.

El estudio también distingue distintos estilos de humor. Algunos son considerados positivos, como el humor que busca reforzar vínculos o mantener una actitud optimista. Otros, en cambio, pueden tener efectos negativos, como el humor agresivo o el que se hace a costa de uno mismo. Esta diversidad es importante porque no todo el humor cumple la misma función ni tiene las mismas consecuencias.

Fuente: ChatGPT

Cómo se investigó el humor en mayores de 60 años

Para explorar estas cuestiones, los investigadores recurrieron a una metodología cualitativa basada en entrevistas en profundidad. Participaron 20 personas de entre 60 y 85 años, procedentes principalmente del Reino Unido. Las conversaciones se grabaron, transcribieron y analizaron cuidadosamente para identificar patrones comunes y diferencias individuales .

Este enfoque permite captar matices que no aparecen en encuestas tradicionales. En lugar de limitarse a respuestas cerradas, los participantes pudieron explicar cómo usan el humor en situaciones concretas, cómo ha cambiado con el tiempo o qué papel tiene en su vida cotidiana.

A partir de este análisis, se identificaron seis grandes temas: la importancia del humor, su frecuencia, las formas de interacción, su aceptabilidad social, la presencia de estereotipos y sus posibles efectos negativos. Esta estructura muestra que el humor no es un elemento marginal, sino una dimensión central de la experiencia en la vejez.

Además, el estudio incorporó una medida de bienestar psicológico para comparar cómo varían las experiencias según el estado emocional de los participantes. Esto permitió observar relaciones más profundas entre el uso del humor y la calidad de vida.

Humor para afrontar dificultades: más que reír

Uno de los hallazgos más significativos aparece cuando se analiza cómo las personas mayores utilizan el humor en situaciones difíciles. Muchos participantes expresaron una idea recurrente: “si no me riera, lloraría”. Esta frase resume una función clave del humor como herramienta de afrontamiento.

En las entrevistas, el humor aparece ligado a experiencias como problemas de salud, pérdida de seres queridos o cambios en la autonomía personal. No se trata de negar esas dificultades, sino de encontrar una forma de gestionarlas emocionalmente. En algunos casos, el humor actúa como una válvula de escape; en otros, como una forma de tomar distancia.

Los participantes también describieron el humor como una especie de protección. Se menciona que puede funcionar como una “máscara” en los momentos complicados, permitiendo seguir adelante sin mostrar abiertamente el malestar. Este uso defensivo del humor revela su papel en la regulación emocional, aunque no siempre implica una solución a largo plazo.

Al mismo tiempo, el estudio subraya que este tipo de humor requiere sensibilidad. Muchos participantes insistieron en evitar burlarse de otras personas o situaciones delicadas. El objetivo no es herir, sino aliviar la tensión, lo que muestra una conciencia clara de los límites sociales del humor.

Fuente: ChatGPT

Relaciones sociales: el humor como vínculo

Más allá de su función individual, el humor tiene un papel central en las relaciones sociales. Los participantes coincidieron en que reír con otras personas fortalece los vínculos y facilita la comunicación. De hecho, muchos describieron el humor como una experiencia compartida, más que individual.

Las conversaciones revelan que el humor ayuda a romper el hielo, aliviar situaciones incómodas y generar confianza. También actúa como un indicador de afinidad: compartir un mismo sentido del humor puede ser clave para construir relaciones más cercanas. En algunos casos, incluso influye en la elección de amistades o en la calidad de las interacciones.

Sin embargo, esta dimensión social también tiene límites. Varias personas señalaron que el humor disminuye cuando se vive en soledad. Como explicó una participante: “cuando estoy sola… no creo que sea tan importante” . Esto sugiere que el humor depende en gran medida del contexto social.

Además, el estudio muestra que el humor puede motivar la interacción. Saber que habrá momentos de risa hace que las personas busquen encuentros con amigos o familiares. En este sentido, el humor no solo refleja relaciones sociales, sino que también las impulsa.

Diferencias según bienestar y género

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es cómo el uso del humor varía según el nivel de bienestar. Las personas con mayor bienestar tendían a utilizar el humor de forma más abierta, para mejorar el ambiente, reforzar vínculos o animar a otros. En cambio, quienes presentaban menor bienestar lo usaban con más frecuencia como defensa emocional.

Esta diferencia no es trivial. Sugiere que no solo importa cuánto se usa el humor, sino cómo se usa. Un uso más social y positivo parece asociarse con mejores indicadores de bienestar, mientras que un uso más defensivo puede reflejar dificultades emocionales.

También se observaron diferencias de género. En general, las mujeres mostraron mayor sensibilidad hacia los posibles efectos negativos del humor, mientras que los hombres tendían a percibirlo de forma más positiva o neutral. Estas diferencias apuntan a factores culturales y sociales que influyen en la forma de entender el humor.

Además, las mujeres mencionaron con más frecuencia el uso del humor para gestionar situaciones emocionalmente complejas. Esto refuerza la idea de que el humor no es solo entretenimiento, sino una herramienta adaptativa que puede variar según la experiencia vital.

Cuando el humor también puede hacer daño

Aunque el humor suele asociarse con beneficios, el estudio también destaca su lado menos positivo. Algunos participantes señalaron que ciertos tipos de humor pueden resultar ofensivos, especialmente cuando se dirigen a personas concretas.

El humor basado en estereotipos, especialmente sobre la edad, generó respuestas variadas. Mientras que algunas personas lo consideraban inofensivo o incluso divertido, otras lo percibían como dañino para la autoestima. Este contraste muestra que el impacto del humor depende en gran medida del contexto y la relación entre las personas.

También se mencionó el riesgo de malentendidos. Una broma mal interpretada puede generar incomodidad o conflicto. Por eso, muchos participantes destacaron la importancia de adaptar el humor a cada situación y a cada interlocutor.

En este sentido, el humor aparece como una herramienta ambivalente. Puede unir o separar, aliviar o incomodar. Su efecto no es automático, sino que depende de cómo, cuándo y con quién se utiliza.

Referencias

  • Heap, H., Greengross, G., & Musselwhite, C. (2026). ‘If I didn’t laugh, I would cry’: a qualitative study of older adults’ humour experiences: associations with gender and well-being. Cogent Gerontology, 5(1), 2624184. https://doi.org/10.1080/28324897.2026.2624184.

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