Pudo haber sido una noche diferente para Santa Fe, pudo haber sido un estreno alegre en la Copa Libertadores 2026, con victoria frente a Peñarol de Uruguay. La buscó, la tuvo, ganaba, no sufría, parecía un partido controlado y hasta cómodo, y de repente, como si eso de ganar con tranquilidad no le gustara a los leones, recibió el golpe del 1-1, con un gol que no se veía venir y que le amargó la noche y el sueño a los santafereños.
La Copa Libertadores es otra cosa. Y Santa Fe quería demostrar que sí tiene traje para semejante gala. Así salió a jugar en su casa, con su gente, con su ropa para sudar y con la furia que a veces le ha faltado en la Liga local. Inició con ímpetu para intimidar al visitante. Ómar Frasica fue el primero en probar al rival con un remate afuera, como para cogerse confianza y calentar su derecha.
Peñarol respondió con timidez, sin mucha claridad, casi siempre jugando de izquierda a derecha a ver si sorprendía mal parada a la defensa, y sí, más de una vez la zaga vio el viaje de la pelota sin reacción, despertando las primeras angustias en la tribuna. Cuando Matías Arezo, potente atacante, se animó y pateó para probar los nervios de Marmolejo, se encontró con que el arquero, que venía de una lesión, los tenía de acero. Encajonó la pelota sin problema.
Santa Fe entró en un momento de letargo, ese en el que la pelota le rebota, los pases son errados, hay fallas o faltas innecesarias. Mafla y Jhojan Torres patearon para sacudirse, a ver qué destino encontraban sus disparos. Pero no tuvieron riesgo. A los 17 minutos se fue Yilmar Velásquez cojeando y entró Maxi Lovera.
A esa altura la hinchada, que clamaba por un buen ataque, por una buena elaboración, por una jugada digna de aplaudir, preparó su alegría cuando hubo un tiro de esquina a favor. Minuto 20. Ómar Frasica, el de la pierna precisa, acomodó el balón, miró el panorama, vio que en el área se agitaban las masas, amarillos y rojos chocaban, cobró directo hacia el punto penalti y allí fue donde el central Emanuel Olivera desplegó sus alas y fue a batallar arriba, en los terrenos que los uruguayos tanto dominan, y desde allí metió un cabezazo certero, al piso y a un ángulo, la pelota entró con potencia, pero parecía que lo hacía en cámara lenta, como dándole tiempo a cada hincha para despegar sus pies del suelo y brincar tal como lo hizo Olivera y gritar todos juntos el gol, el 1-0.
Santa Fe vs. Peñarol Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
Ese gol le quitó kilos de presión a Santa Fe, que se sintió más suelto, más cómodo. Ya no necesitaba ir al frente con desespero de gol. Necesitaba era pura concentración atrás. ¿La tendría? Ya veremos que no. Peñarol quedó herido y se quedó sin reacción en ese primer tiempo. Santa Fe perdió a otro jugador por lesión, a Lovera, y así, con dos leones caídos, pero con la ventaja parcial, se fueron al descanso.
Santa Fe vs. Peñarol. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
El segundo tiempo arrancó con novedades, como si el destino quisiera recordarle a Santa Fe que sus victorias no son cómodas, pues perdió a otro león: Andrés Marmolejo no pudo continuar. Daniel Torres también fue sustituido.
A los 50 minutos hubo gresca en la cancha. Luis Palacios se dejó calentar de Ferreira, hubo empujones, careos, conato de trifulca, amarilla para los dos. Fue un momento para subir las revoluciones. La afición bramó para que los leones en vez de pelear fueran por el gol de la tranquilidad, para no correr riesgos, sin imaginar lo que vendría.
Santa Fe vs. Peñarol. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO
Lo dicho, Santa Fe no sabe de comodidad. Cuando parecía que tenía controlado el partido, incluso cuando casi encuentra el segundo gol, Arezo recibió un pase largo de su propio arquero, y el atacante, fuerte como un tanque, le pasó por encima a Olivera, ludió a Palacios, se perfiló y sacó el remate de gol que apagó la euforia en El Campín, en 60 minutos.
De ahí en adelante, el despertar de los nervios. El tiempo empezó su recorrido letal. Santa Fe buscó la victoria, en pelota quieta tuvo el gol. ¿Cómo no fue? Tras un tiro de esquina y una salida en falso del portero, Moreno quedó con el arco solo y enorme de frente, pateó, como tenía que hacerlo, rápido y sin pensar, pero una pierna se atravesó en el camino y afuera. No le entró a él y tampoco a Luis Palacios que también tubo libertad para rematar y se le fue afuera.
Santa Fe se ilusionó con una victoria en su estreno en el grupo E de la Copa Libertadores, la tuvo, la acarició, pero permitió un gol que le amargó la noche y el sueño a todos los santafereños. El otro miércoles visita a Corinthians en Brasil.
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