Despertamos de golpe, con la misma pena de los penaltis que arruinaron la ilusión en Rusia 2018, con el dolor enorme de dejar pasar otra oportunidad de oro para hacer pedazos la historia en los mundiales.
El partido más parejo que jugó la Selección Colombia, contra una pragmática Suiza, se saldó con un 4-3 y alguna lágrima: otra vez, el Cristo de espaldas.
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Pero fue Xhaka, una de las figuras de la cancha, y aunque Camilo Vargas adivinó y voló al palo correcto, no pasó de arañar el balón sin rechazarlo. 1-1 la cuenta. Corazón en la mano.
Selección Colombia. Foto:Getty Images via AFP
Turno para Dávinson Sánchez, el segundo valiente que, por esa intención de asegurar la pelota arriba le entró tan fuerte que la estrelló en el travesaño. Con nostalgia miraba al juez por si consultaba su reloj y encontraba el milagro: nunca entró la pelota.
Andauni fue a su turno con esa certeza de quien no tiene nada que perder, esperó a que se jugara Vargas y pateó a la esquina contraria. El grito de Sánchez fue pura frustración.
Pero fue Jaminton Campaz al cobro, le adivinó Kobel, solo que esta vez le puso la dosis correcta de potencia para el 2-2.
Y entonces el alma al cuerpo de los de amarillo: Akanji pateó muy por debajo la pelota (como buen zaguero central) y desperdició su cobro, pero era turno para Colombia de adelantarse y falló Juan Camilo Hernández en un momento definitivo. Una pena.
Porque cuando Itten se paró ante la pelota fue tan preciso que adelantó a los suyos y le metió presión a Díaz, quien anotó (sin ser especialista) y le pasó la posta a Vargas.
Selección Colombia, eliminada del Mundial 2026. Foto:EFE
Fue entonces cuando la historia se cerró: Vargas vs. Vargas y ganó el suizo. Adiós Copa Mundo, murió la ilusión.
Escandalosamente parejo
Tras el ruidoso grito de batalla que ha sido el himno nacional en los tres países sede del Mundial, James iniciaba la jugada del primer acercamiento, un toque con Lucumí y Lerma sin suficiente dirección de portería antes del primer cuarto de hora.
La única clara ocasión llegó a los 20 minutos, un gran robo de Arias que acabó en Puerta y después un hermoso remate del novato para el estirón impresionante del portero.
Pero sabían los de amarillo que enfrenarían a un rival de otra calidad, más allá de la ausencia de su figura, Manzambi. Iban a salir en velocidad por las bandas, iban a tratar de superar a Puerta en el duelo directo para proyectarse en campo libre, iban a reventarle las manos a Camilo Vargas en pelotas cruzadas. Tal cual ocurrió.
A los 29 minutos llegó la mejor opción de gol del partido, el mano a mano de Rieder con Vargas era de Suiza, seguido de otro intento, a los 31, otra vez con el portero bogotano luciéndose ante un remate potente y sin dar rebote de Ndoye.
Jhon Arias Foto:Getty Images via AFP
Fueron cinco intentos de Colombia, pero solo uno al arco, mientras que el rival hizo dos, ambos al arco, resumen claro de un primero tiempo en el que James, Arias y Díaz lucieron más imprecisos que de costumbre, bien controlados todos por una marca escalonada.
Cierre con tensión
Los segundos 45 minutos fueron un poco el mismo tema del arranque, pero con un detalle en contra de la intención suramericana: con la pelota se proyectaba Díaz tratando de rebelarse sin éxito, James sumaba un compromiso más sin goles ni asistencias y Suárez rebotaba contra el muro rojo, ganándose además una tonta amarilla por obstaculizar al arquero.
Suiza en cambio tenía una clarísima ocasión a los 47, con Sow superando la marca de Muñoz y metiendo un fuerte remate, por fortuna, sin el efecto deseado. En general, siempre que aceleraron generaron riesgo, como a los 90, cuando perdonó Ndoye en un remate cruzado que superaba a Vargas.
A Colombia le quedó una en esa segunda etapa, un rebote de Suárez que definió horrible.
Al tiempo extra se fue el partido, con los 52.497 asistentes al moderno estadio de Vancouver comiéndose las uñas.
Juan Fernando Quintero Foto:AFP
Y saltaron todos de sus asientos cuando a los 98 el tiro de esquina de Quintero fue preciso a la cabeza de Lucumí, quien la estrelló en el travesaño, y a los 100 cuando Campaz metió un riflazo cruzado que salvó Kobel y cuando Vargas, milagroso, atajó el remate violento de Amdoun. ¡Qué salvada!
El instante en que, en Vancouver y en cada rincón del país, nos agarramos la cabeza fue a los 113, cuando una indecisión de la zaga suiza le sirvió la pelota muy libre a Campaz, quien en vez de colocarla metió un remate elevado, al cielo de Vancouver… ¡Qué desperdicio! Qué costoso resultaría después en el desenlace…
Se fue el tiempo, el fondo físico, el sueño entre los dedos. A otros la moneda les cae siempre de su lado. El privilegio parece negado para los de amarillo.
Jenny Gámez
Editora de Deportes
@JennyGamezA
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