Category: Curiosidades

  • Jason Lancaster, folclorista: “El bosque es el último refugio de lo sagrado y lo monstruoso en nuestra imaginación”

    Jason Lancaster, folclorista: “El bosque es el último refugio de lo sagrado y lo monstruoso en nuestra imaginación”

    La humanidad siempre ha necesitado poblar los espacios vacíos de la geografía con relatos que expliquen lo inexplicable. El bosque, con su penumbra perpetua y sus sonidos indescifrables, ha sido el escenario predilecto para el nacimiento de mitos que trascienden fronteras y épocas. Tal y como indica Jason Lancaster en su obra Enciclopedia ilustrada de las criaturas del bosque, existe un inventario invisible de seres que habitan en el borde de nuestra visión, una vasta reunión de criaturas folclóricas que conforman un mapa emocional de nuestros miedos y esperanzas más antiguos.

    Un catálogo de la sombra y el musgo

    La obra se presenta como un compendio de una extensión considerable, aunque ejecutado con una brevedad casi quirúrgica en sus descripciones. No estamos ante un tratado sociológico que diseccione el impacto de estas figuras en la cultura popular contemporánea ni ante un estudio que busque dar valor a su origen temporal o al tiempo que llevan consideradas en el imaginario colectivo. El autor, de forma deliberada, opta por la enumeración y la descripción pura. Se trata de un inventario aséptico y fascinante que sitúa al mismo nivel a divinidades milenarias y a espantos locales, permitiendo que sea el lector quien otorgue la relevancia necesaria a cada entidad.

    Esta estructura, si bien escueta, resulta increíblemente interesante para quien busca la esencia del mito sin el filtro del análisis académico moderno. Según revela el autor, su intención no es historizar el mito, sino presentarlo en su estado más bruto y funcional. Desde el Kitsune japonés hasta el Sasquatch de las montañas rocosas, el libro actúa como un herbario de lo fantástico donde cada criatura es una muestra recolectada con cuidado y expuesta sin adornos innecesarios, respetando el misterio original que la vio nacer.

    La geografía del mito sin fronteras temporales

    Como se desprende de sus páginas, la obra no se detiene a clasificar si una criatura es un vestigio de una religión muerta o una invención del folclore rural del siglo pasado. Este enfoque igualitario genera una sensación de atemporalidad muy potente. El bosque no entiende de cronologías humanas y la obra de Lancaster replica esa lógica salvaje donde lo antiguo y lo “nuevo” conviven en la misma maleza, lo que refuerza la idea de que estas criaturas no pertenecen a la historia, sino a la psicología humana.

    El interés de este compendio radica precisamente en esa capacidad de síntesis. Al despojar a los seres de su contexto histórico o de su “evolución” en el cine o la literatura actual, el lector se encuentra frente a frente con la criatura. Según indica la obra, la descripción de un Leshy eslavo o de un Curupira amazónico tiene la misma fuerza descriptiva que la de un animal real en una guía de campo. Es una forma de devolverles su dignidad como habitantes del ecosistema mental de nuestra especie, lejos de la caricaturización que a menudo sufren en la cultura de masas.

    El valor del compendio frente al análisis

    Es probable que los puristas de la antropología echen de menos una mayor contextualización sobre el asentamiento de estas figuras en la cultura popular, pero esa carencia es, en realidad, el motor de la obra. Al no estar sujeta a las modas del análisis cultural, la enciclopedia se convierte en una referencia duradera. Es una guía de la A a la Z que no pretende explicar por qué creemos, sino simplemente mostrarnos qué es lo que hemos creído ver entre los árboles, una distinción sutil pero vital para entender el propósito del folclorista.

    El resultado es un viaje visual y textual que, a pesar de su concisión, logra despertar una curiosidad insaciable. Lancaster ha logrado reunir un censo de lo invisible que funciona como un espejo de nuestra propia vulnerabilidad frente a lo salvaje. En un mundo hiperiluminado y cartografiado por satélites, recordar que todavía existen enciclopedias que catalogan a los seres que habitan en la oscuridad de los bosques es, en sí mismo, un acto de resistencia poética.

    Recreación artística que muestra un libro de criaturas del bosque cerrado sobre una mesa de estudio naturalista, rodeado de objetos místicos como una luciérnaga en frasco, una lupa de latón y hojas secas, en una atmósfera cálida de descubrimiento nocturno. Foto: ChatGPT / Scruzcampillo.
    Recreación artística que muestra un libro de criaturas del bosque cerrado sobre una mesa de estudio naturalista. Foto: ChatGPT / Scruzcampillo.
  • ¿Qué son los amigos? La incómoda verdad sobre la amistad que aprendemos demasiado tarde

    ¿Qué son los amigos? La incómoda verdad sobre la amistad que aprendemos demasiado tarde

    No hay intervención pública donde se hable de amistad, que no se preste a la crítica de corral y a la cátedra censora de los que, viéndose reflejados, insultan al espejo y no a la triste imagen que desde él los está observando y, por supuesto, espero que este artículo no sea menos.

    “Nadie querría vivir sin amigos, aun teniendo todos los demás bienes” nos recuerda Aristóteles, y desde aquí podremos iniciar dos caminos, el de la romantización de la amistad y su poesía infinita: “el amigo es otro yo” o “La amistad es una sola alma en dos cuerpos”. ¡Hermoso! Pero también podemos abordar este asunto desde el análisis ético y sosegado, que bien te puede regalar los oídos a la par que te abofetea y te hace reflexionar mientras te sobas las mejillas rojas. ¿Tú cuál prefieres? ¡A mí me va más el Rock’n’Roll!

    Puede parecer que la amistad perteneciera al terreno de los afectos, más que al del mundo de Sofía, pero también la estética parece ser propia de la frivolidad de lo superfluo y la metafísica una palabra propia de espiritistas y videntes, y no de sesudos catedráticos universitarios… cosas de la globalización de la ignorancia, supongo. 

    La amistad no es solo compañía: es reconocimiento mutuo, lealtad elegida y un espacio donde podemos ser sin máscaras
    La amistad no es solo compañía: es reconocimiento mutuo, lealtad elegida y un espacio donde podemos ser sin máscaras. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

    La amistad es una cuestión muy seria, y no porque casi cualquiera pueda tener amigos deja de serlo, pues quién diría que la respiración es algo menor porque todos respiramos un montón de veces al día. ¿Acaso te lo parece? 

    No, la amistad es un vínculo necesario del animal humano que empieza por lo anecdótico y transita las edades del hombre hasta trascendernos. Deja que te lo explique.

    Nuestros padres, y el entorno familiar más cercano, serán los primeros en cuidarnos al nacer. Ellos nos alimentarán, nos limpiarán y hasta dejarán de dormir y, si fuera menester, se quitarán el alimento de la boca por dárnoslo a nosotros. De ellos aprenderemos muchas cosas en esos primeros años, como a recibir afectos y a devolverlos incondicionalmente. Ellos darán la bienvenida a nuestros primeros lloros y demandas y a nuestras primeras risas. Aprenderemos con ellos a andar, a decir nuestras primeras palabras y a no cagarnos y mearnos encima, que tampoco es poca cosa. Y con ellos también aprenderemos los primeros juegos y a reclamar nuestra necesidad de divertirnos más y ser más independientes. Entonces llegarán nuestros primeros amigos.

    Aristóteles lo tenía claro, ni todas las amistades son iguales, ni es necesario que así sea, quizá todo lo contrario y quizá, también, todo al mismo tiempo, pero diferenciado.

    Los primeros amigos en aparecer serán aquellos con los que nos divirtamos, en nuestro caso, con los que juguemos. La amistad por diversión no está basada en una socialización dura, más bien es una suerte propedéutica de la misma. Mediante el juego infantil, las risas, las prisas, los sofocos y, algún berrinche que otro, vamos encontrándole el sabor a este vasto mundo que juntos descubrimos.

    Y como somos insaciables, del juego, de la amistad por diversión, a la par que maduramos vamos arrimándonos a aquellos con quienes nos une también el interés. Ir juntos al cole es una acción repetitiva y monótona, no me cabe duda, pero si puedo ir con amigos la cosa cambia, pudiendo ser una aventura, un juego naif o un aprendizaje constante. A todos nos interesa ir juntos, y como ese ejemplo, todos los que te quieras imaginar son el origen de la amistad por interés… que no es igual que alguien se quiera aprovechar de otro, no seas mal pensado.

    Entre amigos por diversión y por interés vamos a pasar el mayor tiempo de nuestra infancia y juventud temprana. Y, si tenemos suerte o los astros se alinean a lo lejos, es posible que de esos amigos surja el tercer tipo de amistad, o eso nos dice Aristóteles.

    La amistad verdadera, o virtuosa, es sin duda la más romantizada de los tres tipos de amistad descritas por el sabio macedónico y a la que cualquiera querría aspirar disfrutar. Basta con que releamos el nombre para ver la potencia de la categoría ¡amistad verdadera o virtuosa! Ahí es nada.

    A lo largo de la historia, la amistad ha sido pensada como virtud, refugio y, a veces, como una de las formas más altas del amor. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

    El cómo se llamen las cosas imprime carácter, es obvio, pero también condiciona y puede hacernos dudar de aquellos a los que llamamos “nuestros mejores amigos” estén en este rubro de galácticos de la amistad… ¿o no?

    “Los amigos de verdad están para las buenas y para las malas”. “El amigo de verdad es el que se alegra de tus éxitos, cuídate del que no se alegre cuando te pasan cosas buenas” nos dirían los abuelos sobre los amigos, y sin tener ni idea de ética clásica quizá estuvieran más cerca de ella que nosotros mismos.

    A veces la falta de experiencia, la vehemencia de la edad y la ansiedad por apurar cada segundo junto a los amigos nos puede nublar un juicio que, ¡bendita juventud!, gracias a meter la pata más que a acertar, vamos conformando a garrotazos y patadas. Pero los yayos tienen razón, más por viejos que por yayos. La amistad verdadera se aleja de la necesidad de la diversión o el interés por hacer cosas juntos, aunque jamás la niegue, y se calma y nutre en la simple presencia del otro, y esto la hace más sólida y duradera, porque no depende del disfrute ni la acción, sino de estar, de ser.

    Por tanto, la reciprocidad, la admiración por los valores y la bondad del amigo, son la base de este tercer grado de amistad que, aunque no me entiendas del todo, viene a ser la tranquilidad espiritual o moral, de no tener que llevar siempre un escudo o una lanza por si el otro viene con mala intención. La alegría por los éxitos y la tristeza ante los problemas no son una cordialidad educada, es un ejercicio de empatía primordial, porque sus éxitos son los tuyos y te sabes reflejados en ellos y ante el dolor y el pesar cuatro hombros pueden más que dos. 

    Alguna vez escribí que la amistad es como si a los problemas difíciles de afrontar y superar les salieran asas para poder agarrarlos con fuerza. No te alivian el peso, no solucionan el problema, pero ayudan, y de qué manera, a poder afrontarlos con firmeza y certeza de superación.

    Si ahora ves un reflejo en tu experiencia que no casa con esto que te he contado, que podría ser así perfectamente, me dirás que quizá alguna vez alguien que considerabas tu amigo te traicionó, que te hicieron daño, que la amistad está sobrevalorada y depender de los demás nos hace débiles. Y te entiendo. Pero acaso dejas de comer porque el sabor concreto de algo no te guste, o simplemente pruebas con otro sabor y así con todos los que se presenten, hasta que, por experiencia, casi eres capaz de adelantarte a cómo sabrán las cosas antes de metértelas en la boca. ¿No es así?  

    Y si te atreves a decirme que nunca has tenido amigos y que jamás los has necesitado y que te ha ido fantástico así, solo piensa esto: ¿Puede un ciego de nacimiento poner en duda el color del cielo que otros sí estamos viendo? 

    Amigos de verdad son aquellos que pueden pasar varias horas sentados en un banco del parque, incluso sin hablarse y, al despedirse y volver cada cuál a sus casas saber, a ciencia cierta, que son mejores personas que antes. Pues son felices simplemente por haber estado juntos.

  • Una rompedora teoría física propone que la muerte no sería el final, sino el retorno a un supuesto campo de conciencia mayor

    Una rompedora teoría física propone que la muerte no sería el final, sino el retorno a un supuesto campo de conciencia mayor

    La conciencia humana sigue siendo uno de los grandes enigmas de la ciencia. A pesar de los enormes avances en neurociencia y física, aún no existe una explicación definitiva sobre qué es exactamente la conciencia ni cómo surge. Durante décadas, el enfoque dominante ha sido considerar que aparece como resultado de la actividad del cerebro: una propiedad emergente de redes neuronales extremadamente complejas.

    Sin embargo, algunos investigadores exploran enfoques distintos. Un reciente trabajo teórico publicado en la revista científica AIP Advances propone un marco conceptual que intenta conectar física cuántica, cosmología y tradiciones filosóficas no duales. El artículo, firmado por la investigadora Maria Strømme, plantea un modelo matemático que busca describir cómo la conciencia podría relacionarse con la estructura fundamental de la realidad. Se trata de una propuesta especulativa y aún no demostrada, pero que intenta abrir una nueva línea de reflexión sobre uno de los problemas más profundos de la ciencia.

    Un problema abierto: qué es realmente la conciencia

    La ciencia moderna ha logrado explicar con enorme precisión muchos fenómenos naturales, desde el comportamiento de las partículas subatómicas hasta la evolución del universo. Sin embargo, la conciencia sigue siendo un problema difícil. ¿Es simplemente un proceso biológico generado por el cerebro o algo más fundamental?

    En la mayor parte de la investigación contemporánea, la respuesta es clara: la conciencia se considera un producto del funcionamiento neuronal. Modelos como la teoría de la información integrada o los estudios de neurociencia cognitiva intentan describir cómo determinadas configuraciones de actividad cerebral producen experiencia consciente.

    El artículo de Strømme parte precisamente de esta discusión. Según explica el propio trabajo, “la naturaleza de la conciencia y su relación con la realidad física siguen siendo uno de los desafíos científicos y filosóficos más profundos”

    A lo largo del texto, la autora señala que el enfoque materialista ha generado avances importantes, pero también deja preguntas abiertas. Entre ellas: por qué existe la experiencia subjetiva o cómo se relaciona con las leyes físicas que describen el universo.

    Esquema conceptual del modelo propuesto, donde tres principios —mente, conciencia y pensamiento— interactúan para dar lugar a la realidad percibida. Fuente: AIP Advances

    Una propuesta teórica: tratar la conciencia como un campo fundamental

    El núcleo del artículo consiste en proponer un modelo matemático en el que la conciencia no surge del cerebro, sino que sería un componente básico de la realidad, comparable a los campos fundamentales de la física.

    En física moderna, muchas propiedades del universo se describen mediante campos: el campo electromagnético, el campo gravitatorio o el campo de Higgs. La propuesta de Strømme consiste en imaginar algo similar aplicado a la conciencia.

    En su propio resumen científico, el artículo afirma que “la conciencia no es una propiedad emergente de procesos neuronales, sino un aspecto fundacional de la realidad”

    En este modelo hipotético, la conciencia se representaría mediante un campo universal —denominado Φ en las ecuaciones— que estaría presente antes incluso de la aparición del espacio y del tiempo.

    Es importante subrayar que no existe evidencia experimental que confirme esta idea. Se trata de una construcción teórica que utiliza herramientas matemáticas similares a las de la física de campos para explorar una posibilidad conceptual.

    Tres principios para describir la realidad

    Para construir su modelo, la autora utiliza un marco filosófico conocido como “los tres principios”: mente universal, conciencia universal y pensamiento universal.

    Según el artículo, estos principios describen tres funciones distintas dentro del sistema teórico. La mente universal representaría una inteligencia creativa fundamental; la conciencia universal sería la capacidad de experimentar; y el pensamiento actuaría como el mecanismo que convierte el potencial en experiencias concretas.

    El propio trabajo lo resume de forma directa: “mente representa la inteligencia creativa universal… conciencia es la capacidad universal de conciencia… y pensamiento es el mecanismo creativo que transforma ese potencial en realidades estructuradas de experiencia individual”

    Desde el punto de vista científico convencional, estas ideas pertenecen más al terreno de la filosofía que al de la física empírica. No obstante, el objetivo del artículo es intentar traducirlas a lenguaje matemático para explorar si podrían integrarse en modelos cosmológicos o cuánticos.

    Fuente: ChatGPT

    Cómo podría surgir el universo según el modelo

    Una parte central del trabajo intenta describir cómo aparecerían el espacio, el tiempo y la materia a partir de ese supuesto campo de conciencia.

    En el modelo, el universo comenzaría en un estado indiferenciado representado por una función matemática que contiene todas las posibilidades de realidad. A partir de ahí, distintos procesos físicos conocidos —como fluctuaciones cuánticas o rupturas de simetría— producirían estados diferenciados.

    Este tipo de mecanismos sí existen en física. Por ejemplo, la ruptura de simetría es un proceso fundamental en cosmología y en teoría cuántica de campos. El artículo utiliza estos conceptos como analogías para explicar cómo podría surgir la estructura del universo dentro de su marco teórico.

    Según el propio texto, “la diferenciación en experiencias individuales ocurre mediante mecanismos como ruptura de simetría, fluctuaciones cuánticas y selección de estados discretos”

    De nuevo, es crucial insistir en que esto no es una teoría confirmada del origen del universo, sino una hipótesis conceptual que intenta combinar física y filosofía.

    La conciencia individual como una excitación del campo

    Una vez que el universo existe, el modelo propone que los seres conscientes aparecerían como “excitaciones localizadas” dentro del campo universal.

    Este lenguaje procede directamente de la física de partículas. En teoría cuántica de campos, una partícula puede interpretarse como una perturbación localizada en un campo fundamental.

    Siguiendo esta analogía, el artículo plantea que la conciencia individual sería una manifestación local dentro de un campo más amplio. El propio trabajo lo expresa así: “la aparente separación de la conciencia individual es una ilusión, y toda experiencia surge de un sustrato unificado y sin forma”

    En el texto también se menciona una consecuencia especulativa de esta idea: si la conciencia individual es solo una excitación temporal del campo, su desaparición no implicaría necesariamente la desaparición del campo mismo.

    Por ello, el artículo señala que “la disolución de la individualidad… no implica aniquilación, sino reintegración en el campo universal”

    Este punto es precisamente el que ha llamado más la atención en algunos artículos de divulgación. Sin embargo, no se trata de una afirmación comprobada ni de una conclusión científica establecida, sino de una implicación filosófica dentro del modelo teórico.

    Una hipótesis altamente especulativa

    Aunque el artículo intenta formular predicciones experimentales —por ejemplo sobre posibles correlaciones en sistemas cuánticos o biológicos—, por ahora no existen pruebas que respalden el modelo.

    De hecho, la propia naturaleza del trabajo es puramente teórica. No presenta experimentos ni datos empíricos nuevos, sino un marco conceptual que intenta integrar física, cosmología y filosofía de la mente.

    En el campo de la ciencia, propuestas como esta suelen interpretarse como exploraciones especulativas. Algunas terminan siendo descartadas, mientras que otras pueden inspirar nuevas preguntas o enfoques.

    Lo que sí refleja el artículo es una cuestión profunda que sigue abierta: cómo encaja la conciencia en el universo físico. En palabras del propio estudio, comprender la conciencia sigue siendo uno de los retos más fundamentales para la ciencia.

    Referencias

    • Maria Strømme. Universal consciousness as foundational field: A theoretical bridge between quantum physics and non-dual philosophy. AIP Advances (2025). DOI: https://doi.org/10.1063/5.0290984.